Página — Lenguaje Y Comunicacion 6 (pág. 127)
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Dicen que Galvarino soportó serenamente el atroz suplicio y aun más,alargó la cabeza al verdugo para que también le fuese cortada.
Una vez terminado el castigo y puesto en libertad, amenazó a sus victimarios y corrió a juntarse con sus compañeros para excitarlos a la venganza. Estos, lejos de escarmentar, al poco tiempo les presentaban batalla a los españoles, bajo el mando de Caupolicán. Entre los combatientes se encuentra Galvarino, quien durante la lucha se batióvalientemente a pesar de faltarle ambas manos, siendo después ahorcado junto con otros aguerridos en los árboles más altos de un bosque vecino al campo de batalla.
La hermosa Llacolén no supo entonces si amar u odiar a todos los invasores. La desazón y la duda la invadian. Con su alma atormentada y en la mayor desesperanza, fue a buscar la tranquilidad que le faltaba, en medio de la selva, junto a la laguna.
La noche descendia con su oscuridad lentamente, como envolviéndola,como escondiéndola, hurtándola de su tragedia.
Y apareció la Luna.
La noche y la Luna fueron rotas en su silencio de paz, de armonía espiritual. Al galope de su caballo llegó el capitán español, que con palabras de amor y consuelo queria ahuyentar todo pensamiento perturbador de la mente de la joven.
Mientras, Millantú, desesperado, buscaba a su prometida. Guiado por el instinto y la selva, penetró en la espesura del bosque y dio con ella.
Los celos y la traición de Llacolén hicieron presa en Millantú, y obligóal capitán a entrar en violenta lucha. La espada y la maza se cruzaron innumerables veces hasta que, heridos de muerte, rodaron sobre la hierba los dos cuerpos sin vida.
La Luna se abre paso a través de la marana espesa y platea con sus rayos las aguas de la laguna.
Trastornada, Llacolén busca refugio eterno en las profundas y serenas aguas de la laguna.
Versión de Oreste Plath
Antologia
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