Página — Lenguaje Y Comunicacion 6 (pág. 188)
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Ami, el nino de las estrellas
Enrique Barrios
Texto 4
Parte primera
CAPíTULO 1 PRIMER ENCUENTRO
Comenzó una tarde del verano pasado en un balneario de la costa adonde vamos con mi abuelita casi todos los años.
Esa vez conseguimos una casita de madera.Tenía muchos pinos y boldos en el patio, y por el frente, un antejardín lleno de flores.Se encontraba cerca del mar, en un sendero que lleva hacia la playa.
Quedaba poca gente, porque la temporada iba a terminar. A mi abuelita le gusta salir de vacaciones los primeros días de marzo, dice que es más tranquilo y más barato.
Comenzó a oscurecer. Yo estaba sobre unas rocas altas junto a la playa solitaria,contemplando el mar. De pronto vi en el cielo una luz roja sobre mí. Pensé que sería una bengala o un cohete de esos que se lanzan para el año nuevo. Venía descendiendo, cambiando de colores y arrojando chispas. Cuando estuvo más bajo comprendí que no era una bengala ni un cohete, porque al agrandarse llegó a tener el tamaño de una avioneta o mayor aún..
Cayó al mar a unos cincuenta metros de la orilla, frente a mí, sin emitir sonido alguno.Creí haber sido testigo de un desastre aéreo,busqué con la mirada algún paracaidista en el cielo; no había ninguno. Nada perturbaba el silencio y la tranquilidad de la playa.
Sentí mucho miedo y quise correr a contarle a mi abuelita; pero esperé un poco para ver
si divisaba algo más. Cuando ya me iba,apareció algo blanco flotando en el punto en donde había caído el avión, o lo que fuera: alguien venía nadando hacia las rocas.Supuse que se trataba del piloto, que se habría salvado del accidente. Esperé que se aproximara, para intentar ayudarlo.
Como nadaba con agilidad, comprendí que no estaba malherido.
Cuando se acercó más, me di cuenta de que se trataba de un niño. Llegó a las rocas y antes de comenzar a subir me miróamistosamente. Pensé que estaba feliz de haberse salvado, la situación no parecía dramática para él, eso me calmó un poco.Llegó a mi lado, se sacudió el agua del pelo y me sonrió, entonces me tranquilicédefinitivamente; tenía cara de niño bueno.Vino a sentarse junto a mí, suspiró con resignación y se puso a mirar las estrellas que comenzaban a brillar en el cielo.
Parecía más o menos de mi edad, un poco menor y algo más bajito, vestía un traje blanco como de piloto, hecho de algún material impermeable, ya que no estaba mojado, su vestimenta terminaba en un par de botas blancas de gruesas suelas. En el pecho llevaba un emblema color oro:un corazón alado dentro de un círculo.Su cinturón, también dorado, tenía a cada lado una especie de radios portátiles, y en el centro una hebilla grande y muy bonita.
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Unidad 3· El ser humano y su vínculo con el cosmos

