Página — Lenguaje Y Comunicacion 6 (pág. 239)
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—jAh, falleció! —exclamó sin quererlo. En ese momento la niña recordóun cuento que había leido. Este trataba de un pobre jorobado y de una princesa, por lo que Mary sintió mucha pena por el señor Craven.
—Sí, murió —contestó la señora Medlock—. La muerte de su esposa lo convirtió en un hombre muy extraño. Ahora no le interesan las personas,ni quiere ver a nadie. Se pasa la mayor parte del tiempo viajando, y cuando está en Misselthwaite se encierra en el ala oeste de la casa y no deja entrar más que al viejo Pitcher, quien lo cuidó de niño y conoce su manera de ser.
Parecía una historia salida de un libro y la nina quedó muy deprimida.La perspectiva de vivir en casa de su tío habría sido más alentadora si la hermosa señora aún viviera.
No espere ver al señor Craven, porque le apuesto diez a uno que no lo verá —continuó la señora Medlock—. Tampoco confie en que encontrará personas con quienes hablar. Tendrá que jugar sola. Se le indicarán las habitaciones a las que puede entrar, pero el jardín es suficientemente grande para usted. Además, no podrá deambular ni husmear dentro de la casa, el señor Craven no lo aceptará.
—Yo no tengo intenciones de husmear —dijo la pequeña Mary con amargura. En un momento determinado habia sentido compasión por su tío, pero ante las explicaciones del ama de llaves dejó de tenerle lástima y pensó que bien se merecía lo que le había sucedido.
Resentida, dio vuelta la cara hacia la ventanilla del tren sobre la cual azotaba una luvia gris. Ante sus ojos, el paisaje se volvía cada vez más obscuro, y al observarlo fijamente, sus ojos se fueron cerrando hasta que se quedó dormida.
Frances Hodgson Burnett. (2005)El jardín secreto. Andrés Bello. (Fragmento)
Antologia
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