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Lengua Y Literatura · 9 EGB · 2025
Libro de Lengua y Literatura 9 EGB

Ministerio de Educación del Ecuador

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Lectura: 'El armario' (parte 2) - el misterio del armario

📄 teoria lengua-y-literatura 🎓 secundaria · 9° EGB Ecuador 🇪🇨 EC 🗣 Español
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Respuesta rápida

La niña vive tranquila con el tío, la abuela y la María. Los sábados van al mercado. Su única inquietud es un armario en el cuarto del tío que parece perseguirla y del que nada sabe.

📚 theory lengua-y-literatura ⭐⭐⭐ Dificultad 3/5 ⏱ 4 min lectura

Solución — Página 126

Lengua Y Literatura · 9 EGB · 2025

Análisis del fragmento

Personaje introducido: La María (empleada doméstica).

Introducción del conflicto: La niña es feliz salvo por 'un detalle: el armario'. Esta oración funciona como bisagra entre la tranquilidad familiar y el misterio que constituye el nudo del cuento.

Recursos literarios:

  • Personificación del armario: 'un armario grande que parecía perseguirme desde el ojo siempre cerrado de su chapa dorada'.
  • Metáfora: el ojo de la chapa como mirada del misterio.
  • Símil: el tío 'sonriendo como un niño sorprendido al lado de una alacena mal cerrada con la boca sucia de chocolate'.

Vida cotidiana: El tío trabaja, la abuela hace cosas de la casa, la María cocina; los sábados van al mercado (tostados, fritadas, helados). Es la descripción de una familia costumbrista quiteña.

Anticipación: El fragmento pinta la felicidad y luego presenta el misterio, preparando al lector para el conflicto central del cuento.

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Preguntas que la gente también hace

¿Qué guarda el tío en el armario?
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¿Qué representa el armario en el cuento?
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¿Cómo describe la niña su vida diaria?
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📌 Antes de leer esto
  • Página 125 - inicio del cuento
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Continuación y desenlace de 'El armario'
📝 Transcripción de la página (texto seleccionable) 2252 caracteres

Darío Guerrero Díaz, (2020).

Aparte de eso, la vida era muy tranquila: la abuela hacía algunas cosas de la casa, la María cocinaba, el tío se iba al trabajo y yo, cuando estaba de vacaciones, correteaba por todas partes hasta aprender de memo-

ria los cuartos, los rincones, las ventanas, los patios y los escondrijos. A veces, el tío me traía una muñeca con vesti- dos o un libro de cuentos, y los sábados me llevaba. al mercado. Ahí comiamos frutas, tostados, fritadas, cosas finas o helados... y él me explicaba todo, abso-

lutamente todo lo que yo le preguntaba.

Se puede decir, con bastante aproxima- ción, que éramos felices, o que yo era feliz, salvo por un detalle: el armario. Porque en el cuarto de mi tío había un armario in- menso donde él no guardaba su ropa ni, aparentemente, ninguna otra cosa suya. Un armario grande que parecía perse- guirme desde el ojo siempre cerrado de su chapa dorada, un armario lleno de misterio y preguntas para mí y quién sabe para todos los demás. Alguna vez intenté solu- cionar el problema con una débil interrogación, pero el tío me contestó, esquivo y extrañamente tími- do, que tenía ahí algunas “cosas” y se encogió de hom- bros, sonriendo como un niño sorprendido al lado de una alacena mal cerrada con la boca sucia de chocolate.

Para mí, poco a poco, el problema del armario fue vol- viéndose una espantosa duda, una pregunta tragada entre el miedo y la fantasía, el principio de miles de historias solo esbozadas en mi cerebro, un desvelo azulado de todas las noches. Se me ocurrían miles de objetos para llenar el mueble: aguas milagrosas, tesoros inagotables, duendecillos, lobos feroces... desde los fantasmas de todos mis antepasados hasta cuatro ropas viejas que a nadie le interesaban ya, pasando por mágicos artefac- tos y juguetes maravillosos, por el sueño de vestidos de princesas legendarias y por la cotidianidad de las toallas y las sábanas recién planchadas.

Alguna vez, hasta quise robar el llavero del tío, porque sabía per- fectamente cuál era la llave, pero nunca fui capaz, y tuve que conformarme con aguantar, callar y mentir que tenía un do-

lor de cabeza atroz, con el consiguiente desperdicio de agua y aspirina, cuando la abuela me preguntó por qué andaba tan triste.

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