Página — Lenguaje Y Comunicacion 5 (pág. 102)
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Cierto era. En la localidad que estuvieran, ya fuera de la Isla Grande, la Gran Guaiteca o en Horno Pirén, desaparecían como los gatos, entradita la noche, y regresaban de amanecida cada uno por su cuenta. A veces maltrechos y arañados, pero siempre contentos. Yo tenía que esperarlos siempre con la lancha lista para zarpar. Diablazos eran los tres, je je.Nunca el Trauco hizo tanto enlesamiento en el archipiélago como en esos años.
Parecía que el Macario le hubiera dado vida a la estatuita de alerce. Aunque el mar estuviera picado, aunque la tormenta levantara olas enormes,las aguas se abrían sumisas al paso de la lancha. Al principio yo sentía miedo cuando salíamos con la mar brava, pero al poco tiempo ya me sentí seguro. Nada malo podía sucedernos mientras navegáramos en la Pincoya, y era un gusto pilotarla escuchando la música de los Tres Hermanos, que no conocían el cansancio. jCuantas veces nos cruzamos con otras lanchas, y qué alivio el de los pescadores al comprobar que era la Pincoya y no el Barcoiche con el cual se encontraban! Contentos abordaban la Pincoya, para reconfortarse con unos vasos de aguardiente y un poco de música antes de continuar la faena.
Parte de su fama cayó también sobre mí. Claro que no como músico sino como piloto. Hasta de los buques de la Armada me llamaban a veces para consultarme acerca de ciertos pasajes en la zona de los canales. Incluso los buques ingleses y alemanes, que se escondían por ahí durante la guerra, y que sin conocer el lugar quedaban encallados.Por tratarse de hombres de mar yo los ayudaba, sin hacer distingos de banderas, indicándoles los canales que permitían el paso a buques de gran calado. La verdad es que fue prestigio lo que me impidió abrigar envidia hacia los tres músicos; porque a pesar de tener gracias a ellos lo que ellos mismos no tenían, muchas veces sentí los celos morderme el corazón. Y eso, por carecer yo de lo único que ellos tenían, esa especie de gracia divina o bienaventuranza que los hacía felices y despreocupados del mañana; capaces de regalar las ganancias del dia y recuperarlas dobladas sin proponérselo.
Como no podia evitar quererlos, me aferré a mi fama de buen piloto y asípude mantener a raya la culebrita de los celos que pugnaba por crecer en mi pecho. Pero en el fondo yo sabía, sabía muy bien, que esa fama no me pertenecía en buena ley. Cuando lo comprobé, ya no quedaba nada por hacer; ni siquiera dejar que mi envidia cundiera. Claro, porque por último, en la envidia hay cierto gustito; no así en el dolor que causa la ausencia de un bien perdido.
Vocabulario
zarpar: marchar, salir de una embarcación.
enlesar: acción de los brujos de aturdir a las personas o dejarlas muy simplonas. El enlesamiento puede ser temporal o definitivo. encallar:dicho de una embarcación: dar en arena o piedra y quedar en ella sin movimiento. calado: profundidad que alcanza en el agua la parte sumergida de un barco.pugnar: batallar, pelear.

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