Página — Lenguaje Y Comunicacion 6 (pág. 199)
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ya se anunció que había muerto y mandaron buscar un ataúd, donde colocaron el cuerpo de Kasim y lo trasladaron al cementerio.
De este modo nadie sospechó nada sobre la causa de la muerte de Kasim. Pero los ladrones, al volver a la cueva y no encontrar el cadáver de Kasim, supusieron que este tendria un cómplice, por lo que decidieron que uno de ellos fuera hasta el pueblo a investigar si alguien había muerto o desaparecido.
El ladrón encargado de encontrar a los que habían entrado en su cueva recorrió la ciudad y llegó hasta la casa del boticario. Hablando con él se enteró de que el hermano de Alí Babá había muerto y sospechando que podían ser ellos los que buscaba, pidió al boticario que le enseñara la casa de Alí Babá. El boticario se la enseñó y cuando el ladrón quedó solo, hizo sobre la puerta de Alí Babá una cruz con tiza, para poder ensenársela a su jefe y a los demás bandidos.
Sin embargo, Morgiana que vio todo aquello desde su casa y temiendo que corriera peligro la vida de Alí Babá, pinto una cruz con tiza en todas las puertas de la calle. Cuando al otro día vinieron los ladrones decididos a cobrarse venganza, no pudieron saber cuál era en verdad la casa de su enemigo, pues había cruces en todas las puertas.
Un segundo ladrón fue a la ciudad un día más tarde. Por poco más o menos, le sucedió lo mismo que al otro. Habló también con el boticario, quien lo condujo todavía con mayor seguridad, frente a la casa de Alí Babá. En su puerta hizo el bandido otra señal, en rojo esta vez, para reconocerla cuando llegase la hora de la venganza. Pero Morgiana estaba alerta y, al ver el signo, trazó otro igual en cada una de las puertas de la calle.
Nuevamente, los ladrones no pudieron identificar la casa y entonces el jefe de los ladrones decidió ir en persona. Guiado también por el boticario, se detuvo ante la casa y, sin perder el tiempo en señales inútiles, la observó bien, mirándola por todos lados y se volvió al bosque para preparar el castigo. Ordenó que sus bandidos trajeran cuarenta tinajas y se metieran dentro.
Cargándolas en mulos de dos en dos, se puso él delante de la recua,como si fuese un vendedor de aceite llevando sus existencias al mercado. Al caer la tarde pasó, como lo habían planeado, delante de la casa de Alí Babá. Al llegar, pidió hablar con el dueño de casa y una vez que se hubo presentado, le dijo: "Señor, desde muy lejos traigo estas tinajas de aceite, para venderlo mañana en el mercado y a estas
recua: conjunto de animales de carga.

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Lección 10
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