Describir cómo ha cambiado la concepción lineal del tiempo a través de una secuencia de 4 pasos (organizador gráfico secuencial).
Paso 1 — Tiempo mítico y circular (civilizaciones antiguas)
En las primeras sociedades (Mesopotamia, Egipto, Mesoamérica, Andes), el tiempo se concebía de forma circular y recurrente: las estaciones, las cosechas y los ciclos astronómicos se repetían indefinidamente. El tiempo estaba ligado a los dioses y a los mitos de creación; el pasado se recordaba como una era dorada y no existía una idea de «progreso» hacia el futuro. El calendario servía para organizar la vida religiosa y agrícola, no para medir un avance histórico.
Paso 2 — Tiempo histórico y lineal clásico (Grecia y Roma)
Con el pensamiento griego y romano surge la idea de que el tiempo tiene una dirección: hay un inicio, un desarrollo y un final. Heráclito ya señalaba que «todo fluye» y que nada permanece igual. Los historiadores (Heródoto, Tucídides, Polibio, Tácito) empiezan a narrar los hechos como una secuencia de causas y consecuencias. Sin embargo, el tiempo seguía siendo cíclico en lo político: las polis y los imperios nacen, prosperan y caen, como explicaba Polibio con la «anaciclosis».
Paso 3 — Tiempo cristiano y lineal-medieval (Edad Media)
El cristianismo impone una concepción estrictamente lineal: Creación → Encarnación → Redención → Juicio Final. El tiempo tiene un comienzo absoluto (la Creación) y un fin escatológico, y su transcurso es irrepetible porque cada hecho ocurre una sola vez. Aparece la cronología de la era cristiana (Anno Domini) y el calendario litúrgico. San Agustín, en La ciudad de Dios, distingue entre el tiempo de la historia, finito y lineal, y la eternidad divina. El tiempo deja de ser solo cíclico para convertirse en una línea continua que progresa hacia la salvación.
Paso 4 — Tiempo lineal y progresista de la modernidad (siglos XVIII-XX)
Con la Ilustración, la Revolución científica y la filosofía del progreso (Condorcet, Comte, Marx), el tiempo se concibe como una línea que avanza inevitablemente hacia mayores niveles de conocimiento, libertad y bienestar. La historia se convierte en un relato de progreso secular: la razón, la técnica y la democracia avanzan sin retroceso. La línea del tiempo escolar (prehistoria → antigüedad → media → moderna → contemporánea) es heredera directa de esta visión. En el siglo XX, sin embargo, las catástrofes (guerras mundiales, genocidios) y pensadores como Walter Benjamin cuestionan esa fe lineal en el progreso, abriendo paso a concepciones más complejas y no lineales del tiempo histórico.
La concepción del tiempo cambió de circular/mítica (se repite) → lineal clásica (causas y consecuencias) → lineal cristiana (de la Creación al Juicio Final) → lineal progresista (la historia avanza hacia el progreso), hasta ser cuestionada en el siglo XX.









