Describo las relaciones económicas entre el Imperio romano y el bizantino durante los siglos XV y XVI, utilizando como insumo el siguiente mapa (Imperio de Justiniano y campañas de Justiniano).
El mapa muestra el Mediterráneo como un espacio económicamente integrado: el Imperio bizantino (heredero del romano) controlaba Constantinopla, Asia Menor (Ponto), Grecia, las islas (Creta, Chipre, Rodas), Egipto y el Levante (Antioquía, Damasco, Tiro, Jerusalén).
Italia (Ravenna, Roma, Nápoles, Sicilia, Milán) y España (Córdoba, Málaga, Cádiz, Cartagena) aparecen conectadas por flechas de campaña/comercio que atraviesan el Mediterráneo, lo que refleja el intercambio de grano, aceite, vino, sal y metales.
Egipto y África (Cartago, Hippo Regius, Cirene) proveían trigo y aceite a Constantinopla; el Ponto y Asia Menor aportaban vino, seda (vía rutas asiáticas) y especias.
En los siglos XV y XVI esta economía mediterránea siguió activa: Venecia, Génova y luego los otomanos (que en 1453 tomaron Constantinopla) disputaron el control de las rutas, pero el comercio bizantino-romano (oriental-occidental) persistió hasta la expansión marítima europea hacia el Atlántico.
El mapa evidencia un Mediterráneo unificado económicamente: el Imperio bizantino controlaba el oriente (Constantinopla, Egipto, Levante), grano, aceite, vino y especias fluían hacia el occidente (Italia, España), y tras 1453 los otomanos heredaron ese comercio hasta que el Atlántico reemplazó al Mediterráneo como eje económico.









