Observa el siguiente ejemplo de argumento de autoridad en el que
se citan introducciones de célebres novelas hispanoamericanas:
El inicio de los cuentos de influencia medieval nos llevan a un no lugar: “Érase una vez, cuando los animales
hablaban”. Desde el primer párrafo, casi podemos advertir la tensión. Allí está el Quijote: “En un lugar de la
Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza
en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”.
Morales, Juan. Diario El Telégrafo.
Recuperado de http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/columnistas/1/la-venganza-de-remedios-la-bella
El ejemplo como argumento. Recurrir a un ejemplo, que es la Competencia
concreción de una idea abstracta, puede ser eficaz para sustentar o ocional
un argumento. Para defender la tesis de que debemos estar pre-
venidos para un terremoto, un buen ejemplo puede ser el sistema
educativo en Japón, que realizó grandes simulacros que involucra-
ron a su población.
Un argumento suele basarse en ideas más generales y abstractas,
pero puede también recurrir a casos concretos e ilustrativos, como
los ejemplos. Estos deben tener una buena capacidad de representa-
ción y ser considerados como un argumento auxiliar y no principal.
En el siguiente texto se puede evidenciar cómo un ejemplo permi-
te ilustrar el argumento:
Hay numerosos estudios sobre la alteración de nuestra mirada. Re-
cuerdo uno de hace bastantes años en el que los sujetos, hombres y
mujeres, tenían que valorar varios aspectos de su propio físico tales
como peso, musculación o altura, y luego los mismos aspectos en
otras personas desconocidas a las que veían a cierta distancia. La
gran mayoría se creía comparativamente más gorda, más baja y más
enclenque y en muchos casos esa apreciación era claramente erró-
nea. Parece que las mujeres puntuamos peor en la vertiginosa prue-
ba del espejo; por ejemplo, según una investigación del año pasado
de la psicóloga Lorea Kortabarria, los chicos tienen una percepción
más real de su peso que las chicas. De lo que estamos hablando, en
realidad, es de poder reconocernos a nosotros mismos; de la inse-
guridad y el aprecio que nos tenemos; de la capacidad de aceptar la
frustración por no poder alcanzar el ideal.
Montero, Rosa. (2016). Diario El País. Recuperado de: http://elpais.com/elpais/2016/03/15/
eps/1458066586_906285.html
La experiencia personal. Si en un texto argumentativo se opta
por referir una historia personal como sustento para una tesis, se
puede alcanzar una comunicación eficiente. Una anécdota o un
suceso reciente que haya marcado a la persona que escribe puede
servirle como argumento.
Marcha blanca, www.flickr.com