Vida cotidiana y rasgos culturales de algunos pueblos indigenas
En las culturas indigenas, la oralidad aún es una de las principales formas en que transmiten conocimientos, enseñanzas, costumbres, tradiciones y creencias. La tradición oral se realiza de generación en generación, de padres a hijos y de hijos a nietos; con el tiempo, se tomó como una herramienta que ha permitido preservar la riqueza cultural y conocer la vida de los pueblos originarios.
La lengua suele reflejar aspectos de la cultura de los pueblos y dota de identidad a las personas; incluso, comienza desde que están en el vientre, para seguir con los balbuceos y las primeras palabras. De una u otra forma, la cosmovisión de una comunidad está contenida en la lengua y se transmite de forma natural; se reproducen en interacciones lingüísticas para que los ninos se integren en las actividades productivas y comunitarias, como alimentar a los pollos, dar maiz a las gallinas o pastorear. Mientras crecen, dichas tareas se volverán más complejas, como comprender los ciclos de pesca, cosecha o zafra, por mencionar algunos. Además, se involucrarán en actividades relacionadas con las fiestas patronales. Así, a través de la práctica, la observación y la imitación, los ninos se integrarán cada vez más a su sociedad.
En los pueblos originarios, algunas personas mayores tienen habilidades sobresalientes para expresarse lingüísticamente y, por esta razón, son los encargados de transmitir sus conocimientos y relatos por medio de la tradición oral. Por ejemplo, en algunas regiones de habla náhuatl estas personas son conocidas como ueue'tini (hombre o abuelo sabio)o lama'tini (mujer o abuela sabia), y son llamados por los ancianos de su comunidad para orientar a los nuevos mayordomos, quienes representan a la comunidad.
Por lo general, los pueblos originarios tienen sistemas de producción para el autoconsumo y para comercializar con otras comunidades o en mercados regionales. En estos sistemas tienen un lugar especial el desarrollo y uso de tecnologías agrícolas que no danen a la Tierra; por ejemplo, suelen utilizar abonos de origen natural (excremento de animales como chivos, vacas, entre otros). En algunas regiones trabajan el campo durante tres ańos consecutivos y luego lo dejan descansar un ano para que se recupere naturalmente y no se vuelva estéril. En la actualidad, todo este conocimiento se ha convertido en la base de la producción sustentable que se practica en diversas ciudades, la cual busca aprender de la sabiduría de los pueblos originarios.
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