Página — Literatura Sin nivel (pág. 16)
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estalló una bomba en el ecran y Manolo se crispó. "Tengo que mirarla》.Volteó: en la oscuridad, Cecilia era la mujer más hermosa del mundo. No pateen, desgraciadosy. Pero sus amigos continuaban. Continuaron hasta que vieron que el brazo derecho de Manolo se alzaba lentamente. Lenta y temblorosamente. ";Por qué no patean ahora?》, se preguntaba suplicante.Se le había paralizado el brazo. No podia hacerlo descender. Se le había quedado así, vertical, como el asta de una bandera. Alguien pateó su butaca por detrás, y el brazo empezó a descender torpemente, y sin dirección,Manolo lo sintió resbalar por la parte posterior del asiento que ocupaba Cecilia, hasta posarse sobre algo suave y blando: 《La pierna de Vicky", se dijo, aterrorizado. Pero en ese instante, sintió que alguien lo levantaba y lo colocaba sobre el hombro de Cecilia. La miró: sonriente, la mirada fi ja en el ecran, Cecilia parecía no haberse dado cuenta de todo lo que había ocurrido.
La moda: formidable solución para nuestra falta de originalidad. El Parque Salazar estaba tan de moda en esos dias, que no faltaban quienes hablaban de él como del "parquecitow. Hacía años que muchachos y muchachas de todas las edades, venían sábados y domingos en busca de su futuro amor, de su actual amor, o de su antiguo amor. Lo importante era venir, y si uno vivía en el centro de Lima y tenía una novia en Chucuito, la iba a buscar hasta allá, para traerla hasta Miraflores, hasta el "parquecitow Salazar. Incomodidades de la moda: comodidades para nuestra falta de imaginación. Esta limeñísima institución cobró tal auge (creo que así diría don Ricardo Palma), que fue preciso que las autoridades intervinieran. Se decidió ampliar y embellecer el Parque. Lo ampliaron, lo embellecieron, y los muchachos se fueron a buscar el amor a otra parte.
Manolo no comprendia muy bien eso de ir al Parque Salazar. Le incomodaba verse rodeado de gente que hacía exactamente lo mismo que él, pero no le quedaba más remedio que someterse a las reglas del juego.Y dar vueltas al Parque, con Cecilia, hasta marearse, era parte del juego.No podia hablarle, y tenía que hablarle antes de que se enfriara todo lo del cine. "Esperaré unos minutos más, y luego le diré para regresar a casa de su amiga》, pensó. Era la mejor solución. Ella no se opondría, pues allí la iban a recoger sus padres, y en cuanto a la amiga, lo único que le interesaba era estar a solas con su enamorado. Tampoco se opondria. Sus amigos habían decidido dejarlo en paz esa noche. Les había prometido declararse, y estaba dispuesto a hacerlo.
Caminaban hacia la quebrada de Armendáriz. Cecilia había aceptado regresar a casa de su amiga, y pasarían aún dos horas antes de que vinieran a recogerla. Tendrían tiempo para estar solos y conversar. Manolo sabía que había llegado el momento de declararse, pero no sabía cómo empezar, y todo era cosa de empezar. Después, seria fácil.
—Llegamos —dijo Cecilia.
—Podemos quedarnos aquí, afuera.
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