Página — Literatura Sin nivel (pág. 19)
Solución no disponible aún
Esta página está en proceso de revisión.
Pídela y la resolveremos antes. Sin registro.
📝 Transcripción de la página (texto seleccionable) 2988 caracteres
No me gusta tener que escribir esto, pero creo que no me queda más remedio que hacerlo. Dejar de decir una cosa que es verdad, es casi como mentir. Nunca dejaré que lean esto. Solo sé que ahora odio a César más que nunca. Lo odio. Si Cecilia lo conociera mejor, también lo odiaría.
La estaba esperando en la puerta del cine Orrantia (nuestro cine).Todo marchaba muy bien hasta que pasó el imbécil de César. Me preguntósi estaba esperando a Cecilia. Le contesté que sí. Se rio como si se estuviera burlando de mí, y me preguntó si alguna vez me había imaginado a Cecilia cagando. Luego se largó muerto de risa. No sé cómo explicar lo que sentí.Esa groseria. La asquerosidad de ese imbécil. Me parecía ver imágenes.Rechazaba todo lo que se me venía a la imaginación. Solo sé que cuando Cecilia llegó, me costaba trabajo mirarla. Le digo que la adoro, y siento casi un escalofrío. Pero la voy a querer toda mi vida.
La amaba porque era un muchacho de quince años, y porque ella era una muchacha de quince años. Cuando hablaba de Cecilia, Manolo hablaba siempre de su nariz respingada y de sus ojos negros; de sus pecas que le quedaban tan graciosas y de sus zapatos blancos. Hablaba de las faldas escocesas de Cecilia, de sus ocurrencias y de sus bromas. Le cogía la mano, la besaba, pero todo eso tenía para él algo de lección dificil de aprender. De esas lecciones que hay que repasar, de vez en cuando, para no olvidarlas. No prestaba mucha atención cuando sus amigos le decían que Cecilia tenía bonitos brazos y bonitas piernas. Su amor era su amor. El lo había creado y quería conservarlo como a él le gustaba. Cecilia tenía más de pato, de ángel, y de colegiala, que de mujer. Cuando le cogía la mano era para acariciarla. Le hablaba para que ella le contestara, y así poder escuchar su voz. Cuando la abrazaba, era para protegerla. (Casi nunca la abrazaba de dia.) No conocía otra manera de amar.jHabía, siquiera, otra manera de amar? No conocía aún el amor de esa madre,que, sonriente, sostenía con una mano la frente del hijo enfermo, y con la otra,la palangana en que rebalsaba el vómito. Sonreia porque sabía que vomitar lo aliviara. Manolo no tenía la culpa. Cecilia era su amor.
18 de marzo
Hoy castigaron a Cecilia, pero ella es muy viva, y no sé qué pretexto inventó para ir a casa de una amiga. Yo la recogí allí, y nos escapamos hasta Chaclacayo. Somos unos bárbaros, pero ya pasó el susto, y creo que ha sido un dia maravilloso. Llegamos a la hora del almuerzo. Comimos anticuchos, choclos, y picarones, en una chingana. Yo tomé una cerveza, y ella una gaseosa. Por la radio, escuchamos una serie de canciones de moda.Dice Cecilia que cuando empiece el colegio, nos van a invitar a muchas fiestas y que tenemos que escoger nuestra canción. La chingana estaba llena de camioneros, y a mí me daba vergüenza cuando decían lisuras, pero Cecilia se reia y no les tenía miedo. Ellos también se rieron con nosotros.
14 de marzo
18
Antologias 3ro_26JUN.indd18
22/08/1810:35
Otros libros recomendados

¿Paita piñayetiri? Cuento No. 26 · 2012
MINEDU
19 págs.

La huallata y el zorro. Cuento No. 22 · 2012
MINEDU
21 págs.

La fiesta de la Candelaria. Cuento No. 23 · 2012
MINEDU
15 págs.

La papa, tesoro de la tierra. Cuento No. 13 · 2012
MINEDU
13 págs.

Abecedario. Cuento No. 25 · 2012
MINEDU
18 págs.

Arojeitake ashitarori impoiji amabentakotirori aipatsite. Cuento No. 30 · 2012
MINEDU
17 págs.

Antami, antamijaniki abintantatsiri. Cuento No. 29 · 2012
MINEDU
17 págs.

¿Y Tú Qué Ves? Cuento No. 26 · 2012
MINEDU
19 págs.
