Analía y Luis — continuación del relato (matrimonio, hijo y escuela)
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Solución — Página 89
Antología literaria 4 · 2020
Lectura
Este fragmento continúa el relato de Analía y Luis, una pareja cuyo matrimonio se ha convertido en una guerra fría de silencios y cortesías fingidas.
Nacimiento del hijo y distancia conyugal: El hijo no mejoró la relación. Analía se instaló en otra habitación; Luis amenazó con romper la puerta a tiros para exigir "trato más considerado". Ella obedeció sin comentarios. Durante siete años la tensión creció hasta convertirlos en "enemigos solapados" que se trataban con exagerada cortesía ante los demás. Solo el niño percibía la hostilidad y despertaba llorando con la cama mojada.
Evolución paralela de los personajes:
- Analía: se cubrió de silencio, fue "secándose por dentro", pero ganó poder real al reemplazar a Luis en las faenas del campo.
- Luis: se volvió frívolo, bebedor, desaparecía días enteros en "inconfesables travesuras".
El hijo y la escuela: Analía enseñó a su hijo escritura y aritmética. A los siete años, Luis quiso enviarlo a la capital; Analía se opuso con ferocidad y lo mandaron a la escuela del pueblo, interno de lunes a viernes. El niño prosperó: dejó de orinarse en la cama, habló con entusiasmo de su maestro y compañeros. Al llegar con buenas notas y una carta de felicitación del profesor, Analía lloró de alegría y sonrió por primera vez en mucho tiempo.
Preguntas que la gente también hace
¿Cómo evoluciona el personaje de Analía a lo largo del relato?
¿Por qué el hijo es el único que percibe la hostilidad entre sus padres?
¿Qué simboliza el éxito escolar del hijo para Analía?
¿Cómo cambia la relación de poder entre Analía y Luis durante el matrimonio?
¿Qué recursos literarios usa el autor para mostrar el deterioro conyugal?
- • Lectura de páginas anteriores del mismo relato (Analía y Luis)
- • Noción de conflicto dramático y personaje en narrativa
- • Comprensión de vocabulario literario: coraza, disipación, jarana, aposento
📝 Transcripción de la página (texto seleccionable) 3372 caracteres
luego actuaban a su amaño. A veces Analia salía a galopar por los potreros hasta los límites de la montaña deseando haber sido hombre.
El nacimiento de un hijo no mejoró en nada los sentimientos de Analia por su marido. Durante los meses de la gestación se acentuó su carácter retraido,pero Luis no se impacientó, atribuyéndolo a su estado. De todos modos, él tenía otros asuntos en los cuales pensar. Después de dar a luz, ella se instaló en otra habitación, amueblada solamente con una cama angosta y dura. Cuando el hijo cumplió un año y todavía la madre cerraba con llave la puerta de su aposento y evitaba toda ocasión de estar a solas con él, Luis decidió que ya era tiempo de exigir un trato más considerado y le advirtió a su mujer que más le valia cambiar de actitud, antes que rompiera la puerta a tiros. Ella nunca lo había visto tan violento. Obedeció sin comentarios. En los siete años siguientes la tensión entre ambos aumentó de tal manera que terminaron por convertirse en enemigos solapados, pero eran personas de buenos modales y delante de los demás se trataban con una exagerada cortesia. Solo el niño sospechaba el tamaño de la hostilidad entre sus padres y despertaba a medianoche lorando, con la cama mojada. Analia se cubrió con una coraza de silencio y poco a poco pareció irse secando por dentro. Luis, en cambio, se volvió más expansivo y frívolo, se abandonó a sus múltiples apetitos, bebía demasiado y solía perderse por varios días en inconfesables travesuras. Después, cuando dejó de disimular sus actos de disipación, Analía encontró buenos pretextos para alejarse aún más de él. Luis perdió todo interés en las faenas del campo y su mujer lo reemplazó contenta de esa nueva posición. Los domingos el tío Eugenio se quedaba en el comedor discutiendo las decisiones con ella, mientras Luis se hundia en una larga siesta, de la cual resucitaba al anochecer, empapado en sudor y con el estómago revuelto,pero siempre dispuesto a irse otra vez de jarana con sus amigos.
Analía le enseñó a su hijo los rudimentos de la escritura y la aritmética y trató de iniciarlo en el gusto por los libros. Cuando el niño cumplió siete años, Luis decidió que ya era tiempo de darle una educación más formal, lejos de los mimos de la madre, y quiso mandarlo a un colegio en la capital, a ver si se hacía hombre de prisa, pero Analía se le puso por delante con tal ferocidad, que tuvo que aceptar una solución menos drástica. Se lo levó a la escuela del pueblo, donde permanecía interno de lunes a viernes, pero los sábados por la mañana iba el coche a buscarlo para que volviera a casa hasta el domingo. La primera semana Analia observóa su hijo llena de ansiedad, buscando motivos para retenerlo a su lado, pero no pudo encontrarlos. La criatura parecia contenta, hablaba de su maestro y de sus compañeros con genuino entusiasmo, como si hubiera nacido entre ellos. Dejó de orinarse en la cama. Tres meses después llegó con su boleta de notas y una breve carta del profesor felicitándolo por su buen rendimiento. Analía la leyó temblando y sonrió por primera vez en mucho tiempo. Abrazó a su hijo conmovida, interrogándolo sobre cada detalle, cómo eran los dormitorios, qué le daban de comer, si hacía frío por las noches, cuántos amigos tenía, cómo era su maestro. Pareciómucho más tranquila y no volvió a hablar de sacarlo de la escuela. En los meses
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