Las cartas de amor (fragmento final) — Analía Torres y el maestro
Respuesta rápida
El maestro escribió las cartas de amor a petición del marido de Analía, pero continuó haciéndolo porque ella respondió. Analía lo perdona y le tiende las muletas como gesto de nuevo comienzo.
Solución — Página 91
Antología literaria 4 · 2020
Lectura
Analía Torres esperó en el patio que la campana de las cinco anunciara el fin de la última clase de la tarde y el tropel de los niños saliera al recreo. Entre ellos venía su hijo en alegre carrera, quien al verla se detuvo en seco, porque era la primera vez que su madre aparecía en el colegio.
—Muéstrame tu aula, quiero conocer a tu maestro —dijo ella.
En la puerta Analía le indicó al muchacho que se fuera, porque ese era un asunto privado, y entró sola. Era una sala grande y de techos altos, con mapas y dibujos de biología en las paredes. Había el mismo olor a encierro y a sudor de niños que había marcado su propia infancia, pero en esta oportunidad no le molestó, por el contrario, lo aspiró con gusto. Los pupitres se veían desordenados por el día de uso, había algunos papeles en el suelo y tinteros abiertos. Alcanzó a ver una columna de números en la pizarra. Al fondo, en un escritorio sobre una plataforma, se encontraba el maestro. El hombre levantó la cara sorprendido y no se puso de pie, porque sus muletas estaban en un rincón, demasiado lejos para alcanzarlas sin arrastrar la silla. Analía cruzó el pasillo entre dos hileras de pupitres y se detuvo frente a él.
—Soy la madre de Torres —dijo porque no se le ocurrió algo mejor.
—Buenas tardes, señora. Aprovecho para agradecerle los dulces y las frutas que nos ha enviado.
—Dejemos eso, no vine para cortesías. Vine a pedirle cuentas —dijo Analía colocando la caja de sombreros sobre la mesa.
—¿Qué es esto?
Ella abrió la caja y sacó las cartas de amor que había guardado todo ese tiempo. Por un largo instante él paseó la vista sobre aquel cerro de sobres.
—Usted me debe once años de mi vida —dijo Analía.
—¿Cómo supo que yo las escribí? —balbuceó él cuando logró sacar la voz que se le había atascado en alguna parte.
—El mismo día de mi matrimonio descubrí que mi marido no podía haberlas escrito y cuando mi hijo trajo a la casa sus primeras notas, reconocí la caligrafía. Y ahora que lo estoy mirando no me cabe ni la menor duda, porque yo a usted lo he visto en sueños desde que tengo dieciséis años. ¿Por qué lo hizo?
—Luis Torres era mi amigo y cuando me pidió que le escribiera una carta para su prima no me pareció que hubiera nada de malo. Así fue con la segunda y la tercera; después, cuando usted me contestó, ya no pude retroceder. Esos dos años fueron los mejores de mi vida, los únicos en que he esperado algo. Esperaba el correo.
—Ajá.
—¿Puede perdonarme?
—De usted depende —dijo Analía pasándole las muletas.
El maestro se colocó la chaqueta y se levantó. Los dos salieron al bullicio del patio, donde todavía no se había puesto el sol.
Análisis del fragmento
Conflicto central: Analía descubre que su marido Luis Torres le pidió al maestro que escribiera cartas de amor en su nombre. El maestro continuó escribiéndolas por cuenta propia durante dos años, engañando a Analía sobre la identidad del remitente.
Resolución: Analía, en lugar de acusar al maestro, le tiende las muletas —gesto simbólico de aceptación y posible nuevo comienzo— y ambos salen juntos al patio.
Temas principales:
- El amor y la identidad del ser amado.
- El engaño y el perdón.
- La escritura como mediación del sentimiento.
- El tiempo perdido y la esperanza.
Recursos literarios:
- Ironía: Analía ha soñado durante años con el hombre que le escribía, sin saber que era el maestro.
- Simbolismo: Las muletas representan la vulnerabilidad del maestro; dárselas es un acto de confianza.
- Elipsis narrativa: Once años de vida silenciada se revelan en un breve diálogo.
- Final abierto: La frase «donde todavía no se había puesto el sol» sugiere que aún hay tiempo para algo nuevo.
Preguntas que la gente también hace
¿Por qué Analía guarda las cartas durante once años?
¿Qué simbolizan las muletas en el final del cuento?
¿Es el maestro un personaje positivo o negativo? ¿Por qué?
¿Cómo reconoció Analía la caligrafía del maestro?
¿Qué sugiere el final abierto del cuento sobre el futuro de los personajes?
- • Lectura de páginas anteriores del cuento para conocer el contexto de Analía y las cartas
- • Conocimiento básico de recursos literarios: ironía, simbolismo, elipsis
- • Comprensión del concepto de narrador omnisciente
📝 Transcripción de la página (texto seleccionable) 2644 caracteres
Analía Torres esperó en el patio que la campana de las cinco anunciara el fi n de la última clase de la tarde y el tropel de los niños saliera al recreo. Entre ellos venía su hijo en alegre carrera, quien al verla se detuvo en seco, porque era la primera vez que su madre aparecía en el colegio.
Muéstrame tu aula, quiero conocer a tu maestro —dijo ella.
En la puerta Analia le indicó al muchacho que se fuera, porque ese era un asunto privado, y entró sola. Era una sala grande y de techos altos, con mapas y dibujos de biología en las paredes. Había el mismo olor a encierro y a sudor de niños que había marcado su propia infancia, pero en esta oportunidad no le molestó, por el contrario, lo aspiró con gusto. Los pupitres se veian desordenados por el dia de uso, había algunos papeles en el suelo y tinteros abiertos.Alcanzó a ver una columna de números en la pizarra. Al fondo, en un escritorio sobre una plataforma, se encontraba el maestro. El hombre levantó la cara sorprendido y no se puso de pie, porque sus muletas estaban en un rincón,demasiado lejos para alcanzarlas sin arrastrar la silla. Analía cruzó el pasillo entre dos hileras de pupitres y se detuvo frente a él.
—Soy la madre de Torres —dijo porque no se le ocurrió algo mejor.
—Buenas tardes, señora. Aprovecho para agradecerle los dulces y las frutas que nos ha enviado.
—Dejemos eso, no vine para cortesías. Vine a pedirle cuentas—dijo Analía colocando la caja de sombreros sobre la mesa.
—iQué es esto?
Ella abrió la caja y sacó las cartas de amor que había guardado todo ese tiempo. Por un largo instante él paseó la vista sobre aquel cerro de sobres.
—Usted me debe once años de mi vida —dijo Analía.
—Cómo supo que yo las escribí?—balbuceó él cuando logró sacar la voz que se le había atascado en alguna parte.
—El mismo dia de mi matrimonio descubrí que mi marido no podia haberlas escrito y cuando mi hijo trajo a la casa sus primeras notas, reconocí la caligrafia. Y ahora que lo estoy mirando no me cabe ni la menor duda, porque yo a usted lo he visto en sueños desde que tengo dieciséis años. iPor qué lo hizo?
—Luis Torres era mi amigo y cuando me pidió que le escribiera una carta para su prima no me pareció que hubiera nada de malo. Así fue con la segunda y la tercera; después, cuando usted me contestó, ya no pude retroceder. Esos dos años fueron los mejores de mi vida, los únicos en que he esperado algo.Esperaba el correo.
—Ajá.
iPuede perdonarme?
-De usted depende —dijo Analía pasándole las muletas.
El maestro se colocó la chaqueta y se levantó. Los dos salieron al bullicio del patio, donde todavía no se había puesto el sol.
QC
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