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Página — Jornada Escolar Completa SECUNDARIA (pág. 52)

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Página 52 de Comunicación Secundaria 2. Cuaderno de reforzamiento pedagógico - JEC · 2016
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PRACTICAMOS

Lee el siguiente texto considerando las orientaciones que brinda tu docente.

El cerdito'

La señora estaba siempre vestida de negro y arrastraba sonriente el reumatismo del dormitorio a la sala. Otras habitaciones no había; pero sí una ventana que daba a un pequeño jardin parduzco. Miró el reloj que le colgaba del pecho y pensó que faltaba más de una hora para que llegaran los niños. No eran suyos. A veces dos, a veces tres que llegaban desde las casas en ruinas, más allá de la placita,atravesando el puente de madera sobre la zanja seca ahora, enfurecida de agua en los temporales de invierno.

Aunque los ninos empezaran a ir a la escuela, siempre lograban escapar de sus casas o de sus aulas a la hora de pe

reza y calma de la siesta. Todos, los dos o tres, eran sucios, hambrientos y físicamente muy distintos. Pero la anciana siempre lograba reconocer en ellos algún rasgo del nieto perdido; a veces a Juan le correspondian los ojos o la franqueza de ojos y sonrisa; otras, ella los descubría en Emilio o Guido. Pero no trascurria ninguna tarde sin haber reproducido algún gesto, algún ademán de nieto.

Pasó sin prisa a la cocina para preparar los tres tazones de café con leche y los panques que envolvían dulce de membrillo.

Aquella tarde los chicos no hicieron sonar la campanilla de la verja, sino que golpearon con los nudillos el cristal de la puerta de entrada, la anciana demoró en oírlos pero los golpes continuaron insistentes y sin aumentar su fuerza. Por fin, porque había pasado a la sala para acomodar la mesa, la anciana percibió el ruido y divisó las tres siluetas que habían trepados los escalones.

Sentados alrededor de la mesa, con los carrillos hinchados por la dulzura de la golosina, los niños repitieron las habituales tonterias, se acusaron entre ellos de fracasos y traiciones. La anciana no los comprendia pero los miraba comer con una sonrisa inmóvil; para aquella tarde, después de observar mucho para no equivocarse, decidió que Emilio le estaba recordando el nieto mucho más que los otros dos. Sobre todo, con el movimiento de las manos.

Mientras lavaba la loza en la cocina, oyó el coro de risas, las apagadas voces del secreteo y luego el silencio. Alguno caminó furtivo y ella no pudo oír el ruido sordo del hierro en la cabeza. Ya no oyó nada más, bamboleó el cuerpo y luego quedó quieta en el suelo de su cocina.

Revolvieron en todos los muebles del dormitorio, buscaron debajo del colchón. Se repartieron billetes y monedas, y Juan le propuso a Emilio:

—Dale otro golpe. Por si las dudas.

COMPLETA

Comunicación 2.° grado

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Fuente de imagen: https://goo.gl/LyAie8

1Tomado de Onetti, Juan Carlos (s/f). EI cerdito. Recuperado de https://goo.gl/iAb76a

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