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Página — Lengua Y Literatura 7 (pág. 88)

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Página 88 de Libro de Lengua y Literatura – Séptimo Básico | Texto del Estudiante MINEDUC – Descargar PDF · 2024
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Te invitamos a leer un cuento que trata sobre la importancia de la herencia familiar.

Tía José Rivadeneira

Angeles Mastretta

Angeles Mastretta (1949) es escritora y periodista. Sus poemas y relatos muestran la sociedad mexicana de su tiempo,enfocándose en los problemas que enfrentan las mujeres.

Tia José Rivadeneira tuvo una hija con los ojos grandes como dos lunas, como un deseo. Apenas colocada en su abrazo, todavia húmeda y vacilante, la nina mostró los ojos y algo en las alas de sus labios que parecía pregunta.

Qué quieres saber? —le dijo la tía José jugando a que entendia ese gesto.Como todas las madres, tía José pensó que no había en la historia del mundo una criatura tan hermosa como la suya. La deslumbraban el color de su piel, el tamaño de sus pestañas y la placidez con que dormía Temblaba de orgullo imaginando lo que haría con la sangre y las quimeras que latian en su cuerpo.

Se dedicó a contemplarla con altivez y regocijo durante más de tres semanas. Entonces la inexpugnable vida hizo caer sobre la nina una enfermedad que, en cinco horas, convirtió su extraordinaria viveza en un sueño extenuado y remoto que parecía llevársela de regreso a la muerte.

Cuando todos sus talentos curativos no lograron mejora alguna, tía José, pálida de terror, la cargó hasta el hospital. Ahí se la quitaron de los brazos, y una docena de médicos y enfermeras empezaron a moverse agitados y confundidos en torno a la nina. Tia José la vio irse tras una puerta que le prohibía la entrada y se dejó caer al suelo incapaz de cargar consigo misma y con aquel dolor como un acantilado.

Ahí la encontró su marido, que era un hombre sensato y prudente como los hombres acostumbran fingir que son. La ayudó a levantarse y la reganó por su falta de cordura y esperanza. Su marido confiaba en la ciencia médica y hablaba de ella como otros hablan de Dios. Por eso lo turbaba la insensatez en que se habia colocado su mujer, incapaz de hacer otra cosa que llorar y maldecir al destino.

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