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Página — Lengua Y Literatura 7 (pág. 89)

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Página 89 de Libro de Lengua y Literatura – Séptimo Básico | Texto del Estudiante MINEDUC – Descargar PDF · 2024
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Aislaron a la nina en una sala de terapia intensiva. Un lugar blanco y limpio al que las madres solo podian entrar media hora diaria. Entonces se llenaba de oraciones y ruegos. Todas las mujeres persignaban el rostro de sus hijos, les recorrían el cuerpo con estampas y agua bendita, pedian a todo Dios que los dejara vivos. La tia José no conseguía sino llegar junto a la cuna donde su hija apenas respiraba para pedirle: "No te mueras". Después lloraba y lloraba sin secarse los ojos ni moverse hasta que las enfermeras le avisaban que debía salir.

En Mujeres de ojos grandes.

Entonces volvia a sentarse en las bancas cercanas a la puerta, con la cabeza sobre las piernas, sin hambre y sin voz, rencorosa y arisca, ferviente y desesperada. Qué podia hacer? Por qué tenía que vivir su hija? ;Quésería bueno ofrecerle a su cuerpo pequeño lleno de agujas y sondas para que le interesara quedarse en este mundo? Qué podría decirle para convencerla de que valia la pena hacer el esfuerzo en vez de morirse?

Una manana, sin saber la causa, iluminada solo por los fantasmas de su corazón, se acercó a la nina y empezó a contarle las historias de sus antepasadas. Quiénes habían sido, qué mujeres tejieron sus vidas con qué hombres antes de que la boca y el ombligo de su hija se anudaran a ella. De qué estaban hechas, cuántos trabajos habían pasado, qué penas y jolgorios traia ella como herencia. Quiénes sembraron con intrepidez y fantasías la vida que le tocaba prolongar.

Durante muchos dias recordó, imaginó, inventó. Cada minuto de cada hora disponible habló sin tregua en el oido de su hija. Por fin, al atardecer de un jueves, mientras contaba implacable alguna historia, su hija abrió los ojos y la miró ávida y desafiante, como fue el resto de su larga existencia.

El marido de tía José dio las gracias a los médicos, lo médicos dieron gracias a los adelantos de su ciencia, la tía abrazó a su nina y salió del hospital sin decir una palabra. Solo ella sabia a quiénes agradecer la vida de su hija. Solo ella supo siempre que ninguna ciencia fue capaz de mover tanto como aquella escondida en los ásperos y sutiles hallazgos de otras mujeres con los ojos grandes.

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