Alguna vez has pensado...
¿En qué fecha dirías que se sitúa este texto?
El arcabuz, el caballo y la horca
Entre las sombras de la cordillera, mientras las raposas salían de su guarida en busca de
alimentos y los últimos gallinazos se retiraban girando en un vuelo alelado sobre la fortaleza
y sobre los árboles de hojas estremecidas, los indios se congregaban silenciosamente como
fantasmas. Inmóviles, se apretaban en el repliegue más oscuro de la noche. De pronto, con
un movimiento uniforme, empezaron a cavar en la tierra sin ruido. Apareció en el fondo del
hoyo una figura amortajada con el hábito de San Francisco, ante la cual cayeron de rodillas
los nocturnos visitantes. Era el cuerpo del emperador Atahualpa. Los indios le desenterraron,
le cubrieron con sus regias vestiduras y le llevaron en hombros por los senderos monteses y
por los valles.
Los pueblos del trayecto se sumaron al séquito fúnebre y, en medio de lamentos que conmovían
hasta las piedras y peñascos de la cordillera, condujeron con gran pompa el cadáver hasta
Quito. El general Rumiñahui con sus soldados les esperaba en Liribamba. Allí, en presencia
del volcán Chimborazo, el esforzado guerrero juró vengar la muerte de su soberano y no dar
cuartel a sus verdugos. Igual juramento hicieron los caciques de Latacunga y Chillo y otros
jefes locales.
El emperador del Tahuantinsuyo y rey de Quito había sucumbido por obra de la traición. El
espíritu europeo de empresa se hallaba vencedor sobre la ingenuidad indígena. El historiador
Karsten dice que en Cajamarca “la mentira y el disimulo, la traición y la violencia —sobre
los que se ha basado casi siempre la política de Europa— obtuvieron uno de sus numerosos
triunfos sobre las ideas primitivas de honor y buena fe que caracterizan generalmente a las
razas de color”.
La debilidad de Atahualpa fue considerar a sus enemigos como hombres dignos y cumplidores
de su palabra. Rumiñahui no cayó en este error y les declaró una guerra implacable. Dueño
del poder por la exterminación de los descendientes de Atahualpa, este general — con el
nombre de Ati Il — levantó un numeroso ejército y se puso en camino hacia el Sur, con el fin
de llevar a la práctica su plan militar de ataque sorpresivo a los españoles, cuya inactividad
le hizo ganar tiempo para organizar sus fuerzas en diferentes provincias del reino.
Jorge Carrera Andrade
Tomado de Carrera Andrade, J. (1959). El camino del Sol. Quito: Campaña Nacional Eugenio Espejo por el Libro y la Lectura. Jorge
Carrera Andrade (1903-1978). Es uno de los más insignes poetas ecuatorianos. Su poesía se propone darle voz poética a los mundos
simbólicos más característicos del Ecuador. Entre sus obras destacan Estanque inefable, Boletines de mar y tierra y Microgramas
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