Relato sobre un animal hechizado
El ciervo del palacio de Circe
En el palacio de Circe vivía un ciervo de pelaje oscuro llamado Leandro. Antes de ser transformado, había sido un joven navegante de una isla cercana a Ítaca. Una tarde, mientras buscaba agua y alimento para sus compañeros, llegó a la isla de Eea y entró en el palacio de la hechicera. Circe lo convirtió en ciervo y lo obligó a permanecer entre los demás animales encantados.
Leandro se sentía confundido y triste. Extrañaba su hogar, la voz de sus amigos y la libertad de navegar. Aunque podía correr por los jardines, se sentía prisionero porque no podía hablar ni explicar quién era. Circe lo trataba como una de sus criaturas y vigilaba constantemente el palacio.
Un día llegó Odiseo con sus compañeros. El héroe era valiente, inteligente, perseverante y astuto. Gracias a la ayuda del dios Hermes, consiguió una planta que lo protegía de los hechizos de Circe. Cuando la hechicera intentó convertirlo en animal, Odiseo resistió y la obligó a liberar a sus compañeros.
Leandro se acercó a Odiseo y golpeó el suelo con una de sus patas. El héroe comprendió que el ciervo quería comunicarle algo. Después de escuchar las indicaciones de Hermes y observar el collar que Leandro llevaba, Odiseo pidió a Circe que rompiera también ese encantamiento. La hechicera pronunció unas palabras mágicas y el ciervo recuperó su forma humana.
Leandro agradeció a Odiseo por su valentía y decidió acompañarlo durante un tiempo. Circe, arrepentida de sus actos, liberó a los demás animales hechizados. Así, el palacio dejó de ser una prisión y sus antiguos habitantes pudieron regresar a sus hogares.








