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Colección Nanahuatzin. Múltiples lenguajes.  Libro de Educación Telesecundaria Grado 3°  Ciclo Escolar 2025 - 2026
Libro de Multiples Lenguajes 3

SEP/CONALITEG

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Página — Multiples Lenguajes 3 (pág. 7)

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Vaca alegre

Libertad Pantoja

José Vaca Alegre. Su nombre parece un chiste,pero ya no puede darme risa. Él fue quien me metió en todo esto.Xime estaba decaida:vomitaba, traia los ojitos tristes y una fiebre que no le bajaba. Normalmente, ella es muy alegre, una pirinola. No sabiamos qué hacer. Ale habia empezado a ganar bien y decidimos ir al Infantil Pediátrico a atenderla con Vaca Alegre. Era el pediatra más caro, supuestamente el mejor.

—Si no se recupera en dos dias, me la trae de vuelta— me dijo Vaca Alegre.

Pero Xime se puso gravisima, ya no eran sólo el vómito, la fiebre y sus ojitos decaidos, sino que la piel se le veia amarilla y se le infló la pancita. En cuanto notamos que orinaba café, nos la llevamos corriendo al hospitalito de la colonia. El Flaco habia atendido todas nuestras paranoias de padres primerizos cuando Xime nació.

Cuando legamos al hospitalito, nos dijeron que el Flaco ya no estaba. Se habia cambiado de colonia. Decidimos quedanos. Ale se durmió recargado en un sillón y a mí me tocó la primera guardia.Platiqué con algunos de los padres que estaban despiertos. Se me hizo muy raro que en el pabellón hubiera otros dos pacientes de Vaca Alegre.Uno de ellos, como de cinco años, balbuceaba algo indescifrable. El otro, cerca de la edad de mi nina, no se veia mal pero se negaba a comer y a hablar. Según lo que me platicó su madre, en cuanto probaba bocado, la comida salia más rápido de lo que habia entrado; la mayor parte de las veces con sangre.

Xime se veia amarillenta y sonreia con sueno.Se indignó de que le pusieron pañal. Acababa de aprender a ir al bano, pero no podia ni caminar de lo débil que estaba. Se durmió pronto.Aunque seguia con el vientre hinchado, ya no tenia fiebre y su sueño era tranquilo. Saqué un libro de la bolsa pensando que iba a ser una noche larga —no imaginaba cuánto— cuando la madre de la nina de la cama de al lado me preguntó en voz baja:

—iQué lees?

Odio esa pregunta, es el preludio a que la lectura se vuelva imposible: después de esta interrogante, viene otra y otra más hasta que uno termina sabiendo las causas por las cuales la persona que pregunta quiere terminar su matrimonio. No sucedió. Estaba por darle el nombre de mi libro cuando me hizo una señal para que me acercara.

—iQuién te mandó?—me dijo.

—iCómo?

—Si, jquién te envió aquí? jQué doctor?

—Ninguno —dije sin entender a qué se refería con enviar.

C 6

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