El levantamiento armado indigena del EzLN
Los pueblos originarios del territorio nacional han padecido la exclusión, el saqueo y la marginación por parte del Estado y de diversos sectores de la sociedad a lo largo de la historia. Durante los siglos xix y xx, con el proyecto de una identidad nacional unificada, el Estado intentó eliminar las diferencias regionales y culturales y utilizó el discurso del mestizaje para negar y oprimir a los pueblos autóctonos de México. El levantamiento armado del EzLN no fue el único, pero sí el más significativo de todos por su alcance en el ámbito nacional e internacional al hacer visibles las demandas históricas de las comunidades indigenas.
Para lograr una identidad nacional compartida, durante el siglo xix se forzó a los pueblos originarios a no hablar su lengua y a no mostrar su cultura, con la intención de integrarlos a la sociedad mexicana por medio de la negación. Para lograr tal objetivo, se implantó una política de persecución y exterminio; un ejemplo de esto fue el caso de las comunidades yaquis que se rebelaron ante la amenaza de ser despojados de su territorio durante el gobierno de Porfi rio Diaz. Ante la insubordinación, el presidente ordenó capturarlos y enviarlos a trabajar en condiciones de esclavitud a las haciendas henequeneras de Yucatán. Muchos yaquis fallecieron por la explotación y la violencia que ejercieron contra ellos.
Durante el siglo xx, el Estado utilizó las políticas educativas y la escuela pública como herramientas para lograr la "asimilación" de los pueblos originarios a la sociedad mestiza. Como parte de las politicas estatales, el Instituto Nacional Indigenista (InI) fue creado con el objetivo de borrar las diferencias culturales de los pueblos en lugar de reconocerlas. También se les despojó de sus territorios para consolidar el desarrollo nacional. Por otro lado, la violencia psicológica, simbólica y física orilló a muchas personas a negar sus raíces y a asimilarse como mestizas.
A mediados del siglo xx, debido a múltiples agresiones y privaciones, y al paulatino abandono del campo mexicano, se agudizó la migración indígena del campo a las ciudades. Posteriormente, este fenómeno se extendió hacia Estados Unidos, lo que implicó una mayor desintegración familiar, la ruptura de lazos comunitarios y la pérdida identitaria.
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