Las revoluciones de 1830 y 1848
Las revoluciones europeas de 1830 y 1848, de carácter liberal, se produjeron en Italia, Alemania, Polonia, Francia, Espana y Portugal, y tuvieron como objetivo derribar los gobiernos monárquicos establecidos tras la derrota de Napoleón Bonaparte y que representaban el resurgimiento del Antiguo Régimen. Estos movimientos tuvieron éxito en algunos casos, restableciendo el liberalismo, pero únicamente en la parte occidental de Europa.
La clase obrera y sus organizaciones participaron al lado de la burguesía en la llamada Revolución de julio de 1830 para combatir a los "enemigos de sus enemigos", según la expresión de Marx. Anos después, en 1848, se produjeron movimientos en muchos países europeos, que tuvieron objetivos libertarios, nacionalistas y sociales. En algunos casos, se volvió a intentar la instauración de gobiernos liberales de carácter parlamentario para eliminar las monarquías absolutistas, como en Francia;en otros, hubo movimientos nacionalistas para lograr la independencia y la unificación nacional, como en Italia y Alemania; otros más reclamaban mejores condiciones de vida. En muchos de ellos participaron los segmentos más pobres y las organizaciones obreras que padecian crisis alimentarias por las malas cosechas de los últimos anos.
La crisis agraria produjo alza de precios, desempleo y disminución de salarios, pero la organización de los trabajadores no había madurado y los movimientos de la clase obrera solamente se propusieron conquistar la república y obtener representación política; no aspiraban a alcanzar todo el poder.
Como resultado de esas revoluciones, en Francia se estableció la Segunda República, mientras en Prusia, Austria y otros estados se crearon monarquias constitucionales. En el Imperio austrohúngaro los movimientos revolucionarios fueron derrotados. En el caso de Italia, no se alcanzó la unificación completa.
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