Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 172)
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una buena medida de vinagre, la alambré, la encorché y la acosté en su almohadón.
Con la pipa de barro, me dirigí a la chichería de don Eduardo.
—Fijate lo que tengo —dije mostrándole el recipiente—. Una chicha de jora de veinte años. Solo quiero por ella treinta soles. Está regalada.
Don Eduardo se echó a reír.
—jA mí!, ja mí!—exclamó señalándose el pecho—.jA mí con ese cuento! Todos los dias vienen a ofrecerme y no solo de veinte años atrás. jNo me fio de esas historias! jComo si las fuera a creer!
—Pero yo no te voy a enganar. Pruébala y verás.
—,Probarla? ;Para qué? Si probara todo lo que me traen a vender terminaría el dia borracho, y lo que es peor, mal emborrachado. jAnda, vete de aquí! Puede ser que en otro lado tengas más suerte.
Durante media hora recorrí todas las chicherías y bares de la cuadra.En muchos de ellos ni siquiera me dejaron hablar. Mi última decisión fue ofrecer mi producto en las casas particulares pero mis ofertas, por lo general, no pasaron de la servidumbre. El único señor que se avino a recibirme me preguntó si yo era el mismo que el mes pasado le vendiera un viejo Burdeos y como yo, cándidamente, le replicara que sí, fui cubierto de insultos y de amenazas e invitado a desaparecer en la forma menos cordial.
Cuando llegué a la casa había oscurecido y me sorprendió ver algunos carros en la puerta y muchas luces en las ventanas. No bien había ingresado a la cocina cuando sentí una voz que me interpelaba en la penumbra.Apenas tuve tiempo de ocultar la pipa de barro tras una pila de periódicos.
—;Eres tú el que anda por alli? —preguntó mi madre, encendiendo la luz—.jEsperándote como locos!jHa llegado Raúl! ;Te das cuenta?jAnda a saludarlo! jTantos años que no ves a tu hermano! jCorre!, que ha preguntado por ti.
Cuando ingresé a la sala quedé horrorizado. Sobre la mesa central estaba la botella de chicha aun sin descorchar. Apenas pude abrazar a mi hermano y observar que le había brotado un ridiculo mostacho, era otra de las circunstancias esperadas. Y mi hermano estaba allí y estaban también otras personas y la botella, y minúsculas copas, pues una bebida tan valiosa necesitaba administrarse como una medicina.
—Ahora que todos estamos reunidos—habló mi padre—, vamos al fin a poder brindar con la vieja chicha—y agració a los invitados con una larga historia acerca de la botella, exagerando, como era de esperar, su antigiedad. A mitad de su discurso, los circunstantes se relamían los labios.
La botella se descorchó, las copas se llenaron, se lanzó una que otra improvisación y llegado el momento del brindis observé que las copas se
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