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Página — Literatura Sin nivel (pág. 51)

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Página 51 de Arguedas, entre el fuego y el amor : textos seleccionados para estudiantes de Educación Básica · 2021
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—Al rio Viseca le resondra para que no cante fuerte -dicen los comuneros de San Juan.

Chitulla es un cerro ancho y elevado, sus faldas suaves están cubiertas de tayales y espinos; a distancia se le ve negro, como una hinchazón de la cordillera. Su aspecto no es importante, parece más bien tranquilo.

Los indios sanjuanes dicen que los dos cerros son rivales y que, en las noches oscuras, bajan hasta la ribera del Viseca y se hondean ahí, de orilla a orilla.

***

Los tinkis entraron por la esquina de la iglesia. Venian solos, sin sus mujeres. Avanzaron por el medio de la plaza, hacia el corredor de la escuela. Eran como cien; todos vestidos de cordellate azul, sus sombreros blancos y grandes y sus ojotas lanudas, se movian acompasadamente.

—jTinkis, de verdad comuneros!-dijo el cornetero.

Don Vilkas despreciaba a los tinkis; al verlos en la plaza, levantó su cabeza, jactancioso, pero los siguió con la mirada hasta que llegaron al corredor; les tenia miedo, porque eran unidos y porque su varayok, cabo licenciado, no respetaba mucho a los mistis.

Don Wallpa, varayok' de los tinkis, subió primero las gradas.

—Buenos dias, taytakuna, mamakuna -saludó.

Se acercó a don Vilkas y le dio la mano; después vino donde el cornetero, los dos se abrazaron.

-jDon Wallpa, taytay!

—jMak'ta Pantacha!

—De tiempo has regresado de la costa.

—Seis meses, tayta.

Los otros tinkis hicieron lo mismo que don Wallpa, saludaron a todos, le dieron la mano a don Vilkas y abrazaron a Pantaleón.

Al poco rato los escoleros y el músico nos vimos rodeados de los tinkis. Yo miré una a una las caras de los comuneros: todos eran feos, sus ojos eran amarillosos, su piel sucia y quemada por el frio,

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