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Página — Literatura Sin nivel (pág. 93)

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Página 93 de Arguedas, entre el fuego y el amor : textos seleccionados para estudiantes de Educación Básica · 2021
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La mujer se inclinó ante el dansak'. Le abrazó los pies. jEstaba ya vestido con todas sus insignias! Un pañuelo blanco le cubria parte de la frente. La seda azul de su chaqueta, los espejos, la tela roja del pantalón, ardian bajo el angosto rayo de sol que fulguraba en la sombra del tugurio que era la casa del indio Pedro Huancayre, el gran dansak'"Rasu-Niti", cuya presencia se esperaba, casi se temia, y era luz de las fiestas de centenares de pueblos.

—iEstás viendo al Wamani sobre mi cabeza?—preguntó el bailarín a su mujer.

Ella levantó la cabeza.

—Está—dijo—. Está tranquilo.

—iDe qué color es?

—Gris. La mancha blanca de su espalda está ardiendo.

—Así es. Voy a despedirme. jAnda tú a bajar los tipis de maiz del corredor! jAnda!

La mujer obedeció. En el corredor de los maderos del techo, colgaban racimos de maiz de colores. Ni la nieve, ni la tierra blanca de los caminos, ni la arena del rio, ni el vuelo feliz de las parvadas de palomas en las cosechas, ni el corazón de un becerro que juega,tenian la apariencia, la lozanía, la gloria de esos racimos. La mujer los fue bajando, rápida pero ceremonialmente.

Se oia ya, no tan lejos, el tumulto de la gente que venia a la casa del bailarin.

Llegaron las dos muchachas. Una de ellas habia tropezado en el campo y le salia sangre de un dedo del pie. Despejaron el corredor.Fueron a ver después al padre.

Ya tenia el pañuelo rojo en la mano izquierda. Su rostro enmarcado por el pañuelo blanco, casi salido del cuerpo, resaltaba, porque todo el traje de color y luces y la gran montera lo rodeaban, se diluían para alumbrarlo; su rostro cetrino, no pálido, cetrino duro, casi no tenia expresión. Sólo sus ojos aparecian hundidos como en un mundo, entre los colores del traje y la rigidez de los músculos.

—iVes al Wamani en la cabeza de tu padre? —preguntó la mujer a la mayor de sus hijas.

Las tres lo contemplaron, quietas.

—No—dijo la mayor.

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