Después de presentar su decálogo en otras comunidades de aula, péguenlo en un lugar visible del salón de clases para acudir a él cada vez que enfrenten una situación de conflicto.
- Revisar que el decálogo esté completo: diez acuerdos redactados en positivo, claros y breves.
- Elegir el lugar visible del aula (muro junto al pizarrón, puerta o corcho) donde todos puedan leerlo sin obstáculos.
- Pegarlo con cinta adhesiva o chinchetas y firmarlo con los nombres del grupo.
- Acordar cuándo se consultará: ante burlas, exclusión, desacuerdos por materiales o turnos de palabra.
- Designar a dos responsables rotativos que recuerden al grupo leer el decálogo antes de discutir.
Respuesta orientativa: el decálogo colocado a la vista funciona como memoria colectiva del grupo; cuando surge un conflicto, se lee el acuerdo relacionado y se dialoga antes de reaccionar. Así se pasa de la sanción a la autorregulación y la convivencia se vuelve un aprendizaje permanente.









