Resistencia y reestructuración de la lucha por la Independencia
La muerte de Morelos (y con ello la falta de liderazgo) y la restitución de Fernando Vll en el trono generaron la disgregación del grupo insurgente y del Congreso de Anáhuac, así como el fortalecimiento del ejército realista.
En 1816, Juan Ruiz de Apodaca fue nombrado virrey de la Nueva Espana. Con el objetivo de terminar el conficto y de que Espana continuara su control sobre la colonia, el virrey ofreció a los insurgentes la oportunidad de no recibir castigo por sus acciones contra la Corona,pero no todxs aceptaron y la lucha independentista continuó, ahora impulsada por Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria.
El espanol Francisco Xavier Mina, que estaba en contra del gobierno absolutista de Fernando VII, junto con Servando Teresa de Mier,organizó una expedición militar para apoyar a los insurgentes, la cual desembarcó en las costas del actual Tamaulipas. Este apoyo duró poco tiempo porque Mina fue aprendido y fusilado el 11 de noviembre de 1817, pero no provocó que los insurgentes desistieran en su lucha.
La tercera etapa de la guerra de Independencia se caracterizó por la llegada del virrey Ruiz de Apodaca a Nueva España, quien impulsópoliticas dirigidas a recuperar el control del territorio mediante la negociación y la conciliación con los independentistas. Sin embargo,sus esfuerzos no dieron resultado y la lucha continuó con la guerra de guerrillas, concentrada en la sierra sur del pais.
Consumación de la Independencia
Hacia el final de la década de 1810, la Corona española mantenía el poder en Nueva España. Esto beneficiaba al rey Fernando Vll, quien después de regresar al trono seguia gobernando en España y las colonias americanas. Su carácter autoritario y la experiencia de su ausencia, en la que se gobernó con la Constitución de Cádiz, dieron origen a la lucha de un grupo de militares al mando de Rafael Riego, que exigia poner limites a la monarquia mediante su sometimiento a una constitución, lo cual ocurrió por un breve lapso, entre 1820 y 1823, en el que el monarca se subordinó a la carta magna de Cádiz.
Cuando Fernando VII y Juan Ruiz de Apodaca fueron obligados a reivindicar la Constitución de Cadiz, los realistas de Nueva Espana, que aún conservaban sus privilegios, se sintieron amenazados y, con el objetivo de no perderlos, decidieron unirse a los insurgentes para independizarse de Espana y conservar así parte de su poder.
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