Contenido de la página
La crítica de arte
La crítica de arte es una herramienta con potencial para contrarrestar el poder que define y separa lo que se considera arte de lo que no. Un ejemplo son las recientes inclusiones del arte de los pueblos originarios en importantes colecciones y exposiciones de museos del mundo; también, las críticas del arte literario que voltean sus miradas a las literaturas producidas por indígenas, afrodescendientes, integrantes de las comunidades LGBTTTIQ+ y feministas, entre muchas otras. Desde que consideran otros puntos de vista en la evaluación artística, los críticos del mundo del arte han comenzado a incluir propuestas, ideas y lenguajes nuevos más propositivos; así, se reconoce que la diversidad está enriqueciéndolo y desafiando sus principios jerárquicos para hacerlo más accesible entre las minorías.
Así pues, la crítica de arte, como un elemento que trasciende los criterios estéticos canónicos, es una actividad que trata de analizar el valor estético y la naturaleza artística. Es una especie de mediador entre la obra y quien la contempla. Su objetivo es brindar al espectador diversas perspectivas, puntos de referencia y lecturas objetivas de la obra para propiciar el debate y la discusión productiva.
Aunque superar la subjetividad de la crítica es un reto, se avanza cuando se usan nuevos recursos y puntos de vista en los criterios de evaluación, y se introducen, en ese mundo excluyente, las voces y propuestas del arte que han sido opacadas o consideradas inferiores.
Lo clandestino y la contracultura
Lo clandestino y la contracultura se relacionan con todo aquello que se encuentra fuera de lo establecido, o que se opone a las normas y valores de la sociedad dominante. Sus propuestas hacen circular la información, los distintos modos de ver y entender el mundo, así como los derechos a ser y existir de la manera que se desee. Esos espacios críticos han sido utilizados por el arte y sus manifestaciones para convocar la fuerza colectiva con el fin de resistir, proponer, impactar y sobresalir en un mundo que busca homogeneizar el pensamiento. Timothy Leary (Rentería, 2009), precursor del movimiento psicodélico, afirmaba que la contracultura era una cresta en la ola de la cultura; está conformada por acciones, expresiones y objetos que resaltan por un momento y que, al final, son devueltos a su lugar de origen.







