Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 17)
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Dos individuos avanzan de la choza más próxima llevando faroles en las manos. La luz le permite ver que a las puertas de las casas se ha asomado mucha gente. Midiendo con la mirada la distancia que la separa de los árboles más cercanos, se dice que no tiene tiempo de pasar antes que los hombres. Tampoco se atreve a volver atrás porque oye que vienen los niños curiosos y los perros ladradores. La luz del farol se acerca. En el único sitio que puede encontrar refugio es entre las rajas de leña que quedan a su izquierda. Rápida y silenciosa se desliza entre ellas y permanece muy quieta.
Más faroles y más hombres, esta vez en torno de la leña entre la cual se oculta.
—Hay tres mil rajas bien contadiiitas...
—Te doy veinte centavos menos por el ciento. No me parece que toda fuera capirona.
—jA pucha! Capirona todititita es... A uno diez te la darééé, pues.
—Bueno, hom... Yastá... Da Silva, Legufa, Morey, Lima, Pichuno: comiencen a cargar.
De la lancha vienen varios muchachotes semidesnudos y fuertes, y empiezan a llevarse al hombro la leña arreglada en el barranco, mientras unos parlotean y otros cantan.
Chupitow: iqué me dices de los caimitos de la questá con traje celeste?—jNo vaaale!. Me gustan más la vieja questá recostada en la hamaca.
Los montones de leña bajan de tamano primero; luego desaparecen.La jergón comprende el peligro pero no puede hacer nada. Piensa en sus crias, en los hombres, en los faroles que la rodean.
Allá, en las playas del Ucayali,
Hay un cadáver, ide quién será?.
—jDéjate de tristes, hom...! Cántate un tanguiño. Ese de "sandalinas doro pra dar al que nun ten..
Ahora empiezan a deshacer el montón donde está escondida. Ella comienza a huir de la muerte deslizándose entre los intersticios que dejan las rajas, cada vez más abajo, más abajo.
Ya no puede avanzar más. Los leños están tan pegados uno al otro en la hilera a que ha llegado, que su cuerpo no cabe por la luz que queda entre ellos. Presiente que el fin se acerca y espera. Una mano robusta y bermeja la coge junto con la raja de leña. Ella se vuelve y le clava la lanceta.
—iAyayau! Vibora... Vibora... jLo que me mordió!
La jergón ha comenzado a huir velozmente. Dos hombres la alcanzan,palo en mano.
—Toma, jijuna!
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