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Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 84)

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Página 84 de Antología literaria 5 · 2019
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grandes ojos castaños. Su dulce mirada hablaba de nobleza, resignación y tristeza, y frente al visitante expresó un auténtico y soberano desprecio.Para esa mirada dulce, mayestática, según interpretó Ziegler, este no era otra cosa, con su sombrero y su bastón, su reloj y su traje de domingo, que un canalla, un ridiculo y asqueroso bicho.

Del anta escapó Ziegler a la cabra montés, de esta a la gamuza, a la llama, al ñu, a los jabalies y a los osos. No fue insultado por todos ellos, pero sí despreciado. Puso el oído atento y se enteró por sus conversaciones de lo que pensaban sobre los hombres. Era horrible lo que pensaban. Particularmente les sorprendia que estos feos, hediondos, indignos bípedos pudiesen andar libremente con su fachendosa vestimenta.

Oyó a una puma hablar con su cría en un lenguaje lleno de dignidad y sabiduria, como rara vez se escucha entre hombres. Oyó a una hermosa pantera expresarse en términos breves, comedidos y aristocráticos sobre el indeseable visitante dominical. Miró a los ojos del rubio león, y supo de la vastedad y maravilla de la selva, donde no hay jaulas ni hombres. Vio a un cernícalo posado en la rama seca, triste y orgulloso en su perpetua melancolía, y vio a los grajos sobrellevar su cautividad con decencia, resignación y humor.

Desconcertado y enajenado de todos sus hábitos mentales, Ziegler se dirigió, en su desesperación, a los hombres. Buscó una mirada que entendiera su desolación y angustia, puso oído atento a las conversaciones, para escuchar algo consolador, comprensible, reconfortante; observó los gestos de los numerosos visitantes, para encontrar en ellos algo de dignidad, naturalidad, nobleza, discreta superioridad.

Pero quedó defraudado. Escuchó las voces y las palabras, observó los movimientos, gestos y miradas, y como ahora lo veia todo como a través de unos ojos animales, no encontró otra cosa que una sociedad degenerada,hipócrita, engañosa, deforme, de tipo animaloide, que parecía ser una mescolanza esnobista de todas las especies animales.

Desesperado, Ziegler caminó errabundo de acá para allá, profundamente avergonzado de sí mismo. Ya había arrojado entre los arbustos el bastoncito cuadrangular y los guantes. Pero cuando más tarde lanzó lejos de sí el sombrero, se quitó las botas, se arrancó la corbata y se apretó sollozando contra las rejas de la jaula del anta, fue detenido en medio de un gran escándalo y llevado a un manicomio.

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