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Página — Literatura Sin nivel (pág. 157)

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Página 157 de Antología literaria 3 · 2018
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Durante tres meses, la acostumbró a esta especie de lucha, a esta comida conquistada con los colmillos. Ahora ya no la encadenaba, limitándose a lanzarla con un ademán sobre el maniquí.

Le había ensenado a desgarrarlo, a devorarlo, incluso sin que en su garganta se ocultara el menor alimento. A continuación le daba, como recompensa, la morcilla asada por ella.

En cuanto veía al hombre, Pizpireta se estremecía, después volvía los ojos a su ama, que le gritaba: "jHale!》 con voz silbante, alzando un dedo.

Cuando juzgó llegado el momento, la señora Saverini fue a confesarse y comulgó una mañana de domingo, con un fervor extático; después,vistiéndose con ropas de hombre, como un pobre viejo andrajoso, trató con un pescador sardo, que la condujo, acompañada por su perra, al otro lado del estrecho.

Llevaba, en una bolsa de tela, un gran trozo de morcilla. Pizpireta estaba en ayunas desde hacia dos dias. La anciana le dejaba olfatear a cada momento el oloroso alimento, y la excitaba.

Entraron en Longosardo. La corsa marchaba cojeando. Se presentóen una panadería y preguntó por la casa de Nicolás Ravolti. Este había reanudado su antiguo oficio, carpintero. Trabajaba solo al fondo de su taller.

La vieja empujó la puerta y lo llamó:

—jEh!jNicolás!

Él se volvió; entonces, soltando a la perra, ella gritó:

—Hale, hale, jcome, come!

El animal, enloquecido, se abalanzó sobre él, se le enganchó a la garganta. El hombre extendió los brazos, lo estrechó, rodó por el suelo.Durante unos segundos se retorció, golpeando el suelo con los pies; después se quedó inmóvil, mientras Pizpireta hurgaba en su cuello, que arrancaba a jirones.

Dos vecinos, sentados ante sus puertas, recordaron perfectamente haber visto salir a un anciano pobre con un perro negro y flaco que comía,mientras caminaba, una cosa marrón que le daba su amo.

La anciana había vuelto a su casa por la tarde. Y esa noche, durmió bien.

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