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Página 154 de Antología literaria 3 · 2018
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UNAVENDETTA 1883 GUY DE MAUPASSANT (francés) 9

a viuda de Pablo Saverini vivía sola con su hijo en una pobre casita junto a las murallas de Bonifacio. La ciudad, construida en un saliente de la montaña, colgada incluso en algunos puntos sobre la mar, mira, por encima del estrecho erizado de escollos,hacia la costa más baja de Cerdeña. A sus pies, por el otro

un gigantesco corredor, le sirve de puerto, lleva hasta las primeras casas,tras un largo circuito entre dos abruptas murallas, los barquitos de pesca italianos o sardos y, cada quince días, el viejo vapor asmático que hace el servicio de Ajaccio.

Sobre la blanca montaña, el montón de casas pone una mancha aún más blanca. Semejan nidos de pájaros salvajes, así colgadas del penasco,dominando ese pasaje terrible por el que no se aventuran los navíos. El viento sin tregua azota el mar, azota la costa desnuda, socavada por él,apenas revestida de hierba; se precipita en el estrecho, cuyas dos orillas devasta. Las estelas de pálida espuma, enganchadas en las puntas negras de las innumerables rocas que hienden por doquier las olas, semejan jirones de tela flotantes y palpitantes en la superfi cie del agua.

La casa de la viuda Saverini, soldada al mismo borde del acantilado,abria sus tres ventanas a este horizonte salvaje y desolado.

Vivía allí, sola, con su hijo Antonio y su perra Pizpireta, un gran animal faco, de pelaje largo y áspero, de la raza de los guardianes de rebaños. Le servía al joven para cazar.

Una noche, tras una disputa, Antonio Saverini fue matado a traición,de un navajazo, por Nicolás Ravolati, quien esa misma noche escapó a Cerdeña.

Cuando la anciana madre recibió el cuerpo de su hijo, que le llevaron unos transeúntes, no lloró, pero permaneció largo rato inmóvil, mirándolo;después, extendiendo su mano arrugada sobre el cadáver, le prometió una

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