Página — Literatura Sin nivel (pág. 119)
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Los Aragón de Peralta y todo el vecindario de San Pedro se opusieron a que se autorizara la apertura de la escuela de la comunidad.
En eso nos diferenciamos de los indios. Si aprenden a leer, iquéno querrán hacer y pedir esos animales? -dijo en un cabildo el propio alcalde.
Los indios no deben tener escuela -sentenció el viejo señor.
Y no se discutió más el asunto. La palabra de Aragón de Peralta se cumplia en el distrito.
Por eso, el director de la escuela de San Pedro fue a consultar con el viejo con el viejo señor su debia matricular al ya mozo Demetrio Rendón Willka, en la sección Preparatoria.
Si ya es mozo, admitalo. Los chicos lo harán correr. Aunque son porfiados estos indios no soportará las burlas de nuestros hijos.iNo sabe usted que los niños son más crueles que los grandes,cuando quieren fregar o martirizar a los débiles?
Bien, señor-asintió el maestro.
El padre de Rendón Willka agradeció al maestro por la admisión de su hijo en la escuela; le dijo que en ese mismo instante un comunero descargaba en la casa del director dos sacos de papas y otro de trigo y que los aceptara como humilde obsequio de su nuevo alumno.
Los estudiantes se asombraron de ver a un indio grande con un silabario en la mano y una bolsa para cuadernos, como la de los más pequeños escolares; sobre los cuadernos, asomaba el marco de madera de un pizarrín. Y era eso lo más sobresaliente: debajo de la bolsa escolar, el indio llevaba otra, hinchada de maiz tostado,de mote, de cecina, de trozos de queso. Lo usual era que los comuneros llevaran su fiambre en una pequeña manta de lana tejida.Demetrio fue presentado aun en ese detalle como un escolero. Habían tejido para él una bolsa, algo semejante a las de coca de los indios mayores, pero más alargada y con una cinta que servia para que le primer estudiante de la comunidad se terciara al hombro esa nueva prenda escolar indigena. Demetrio tenia que caminar diez kilómetros, todos los dias, de Lahuaymarca a San Pedro.
El maestro, agradecido por el obsequio, iba a pedir a los ninos que fueran considerados con el joven indio. Pero vio a este sentado en el poyo, entre los más pequeños, que lo miraban preocupados o
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