Una rosa para Emily — Sección I
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Página de lectura literaria. Miss Emily Grierson muere y toda la ciudad asiste a su entierro. Su casa decadente simboliza el viejo Sur aristocrático. El coronel Sartoris la había eximido de impuestos en 1894 mediante una historia inventada que ella creyó.
Solución — Página 31
Antología literaria 4 · 2020
Lectura
UNA ROSA PARA EMILY 1931 · William Faulkner (estadounidense)
Sección I
Cuando miss Emily Grierson murió, toda la ciudad fue al entierro: los hombres por una especie de respetuoso afecto a un monumento caído, las mujeres impulsadas sobre todo por la curiosidad de ver el interior de la casa que nadie, salvo un viejo criado —mezcla de jardinero y cocinero— había visto en diez años por lo menos.
Era una casa grande, de madera escuadrada que en un tiempo había sido blanca, decorada con cúpulas, agujas y balcones adornados con volutas en el estilo pesadamente frivolo de los setenta, situada en la que un tiempo fuera nuestra calle más distinguida. Pero los garajes y las desmotadoras de algodón habían usurpado y borrado hasta los augustos nombres de aquel barrio; solo quedaba la casa de miss Emily, irguiendo su obstinada y coqueta decadencia sobre los carros de algodón y los surtidores de gasolina, una ofensa más para los ojos, entre muchas otras. Y ahora miss Emily había ido a reunirse con los representantes de aquellos augustos nombres en el cementerio adormecido bajo los cedros donde yacían entre las alineadas y anónimas tumbas de los soldados de la Unión de Confederados muertos en la batalla de Jefferson.
En vida, miss Emily había sido una tradición, un deber y una preocupación; una especie de carga hereditaria para la ciudad desde aquel día de 1894, en que el coronel Sartoris, el alcalde —autor del edicto según el cual ninguna mujer negra debía aparecer en las calles sin delantal— la eximió de impuestos, dispensa que databa de la muerte de su padre y era válida a perpetuidad. No es que miss Emily hubiera aceptado la caridad. El coronel Sartoris había inventado la complicada historia de que el padre de miss Emily había prestado dinero a la ciudad y que la ciudad, por asuntos de negocios, prefería reembolsarlo de esta manera. Solo a un hombre de la generación y de la mentalidad del coronel Sartoris podía habérsele ocurrido esto, y solo una mujer podía haberlo creído.
Cuando la nueva generación, de ideas más modernas, proporcionó alcaldes y regidores, este arreglo produjo cierto leve disgusto. El primero del año le enviaron por correo una notificación de impuestos. Llegó febrero y no hubo respuesta. Le mandaron una carta formal, pidiéndole que pasara por la oficina del sheriff cuando le fuera cómodo...
Tomado de Faulkner (1956).
Glosario
- desmotadora de algodón: máquina que separa las fibras del algodón de las semillas; símbolo de la industrialización del Sur.
- cúpulas / agujas / volutas: elementos arquitectónicos decorativos típicos del estilo victoriano tardío (década de 1870).
- estilo frivolo de los setenta: referencia a la arquitectura ornamentada de la década de 1870 en EE.UU.
- coronel Sartoris: personaje recurrente en la saga de Yoknapatawpha de Faulkner; representa la élite sureña de posguerra.
- Confederados: soldados del Sur en la Guerra Civil estadounidense (1861-1865).
- a perpetuidad: para siempre, sin límite de tiempo.
Preguntas que la gente también hace
¿Qué simboliza la casa de Miss Emily en el cuento de Faulkner?
¿Por qué el coronel Sartoris exime de impuestos a Miss Emily?
¿Qué representa el narrador colectivo 'toda la ciudad' en 'Una rosa para Emily'?
¿Cómo refleja el cuento el conflicto entre tradición y modernidad en el Sur de EE.UU.?
¿Qué técnica narrativa utiliza Faulkner en la Sección I del cuento?
- • Conocimiento básico de la Guerra Civil estadounidense (1861-1865)
- • Noción de punto de vista narrativo y narrador
- • Ver pág. 30: contexto introductorio del libro
📝 Transcripción de la página (texto seleccionable) 2415 caracteres
UNA ROSA PARA EMILY1 1931 WILLIAM FAULKNER (estadounidense) ?
I
riosidad de ver el interior de la casa que nadie, salvo un viejo criado—mezcla de jardinero y cocinero— había visto en diez uando miss Emily Grierson murió, toda la ciudad fue al en-tierro: los hombres por una especie de respetuoso afecto a un monumento caido, las mujeres impulsadas sobre todo por la cuaños por lo menos.
Era una casa grande, de madera escuadrada que en un tiempo había sido blanca, decorada con cúpulas, agujas y balcones adornados con volutas en el estilo pesadamente frivolo de los setenta, situada en la que un tiempo fuera nuestra calle más distinguida. Pero los garajes y las desmotadoras de algodón habían usurpado y borrado hasta los augustos nombres de aquel barrio; solo quedaba la casa de miss Emily, irguiendo su obstinada y coqueta decadencia sobre los carros de algodón y los surtidores de gasolina, una ofensa más para los ojos, entre muchas otras. Y ahora miss Emily había ido a reunirse con los representantes de aquellos augustos nombres en el cementerio adormecido bajo los cedros donde yacían entre las alineadas y anónimas tumbas de los soldados de la Unión de Confederados muertos en la batalla de Jefferson.
En vida, miss Emily había sido una tradición, un deber y una preocupación; una especie de carga hereditaria para la ciudad desde aquel dia de 1894, en que el coronel Sartoris, el alcalde —autor del edicto según el cual ninguna mujer negra debía aparecer en las calles sin delantal— la eximió de impuestos, dispensa que databa de la muerte de su padre y era válida a perpetuidad. No es que miss Emily hubiera aceptado la caridad.El coronel Sartoris había inventado la complicada historia de que el padre de miss Emily había prestado dinero a la ciudad y que la ciudad, por asuntos de negocios, prefería reembolsarlo de esta manera. Solo a un hombre de la generación y de la mentalidad del coronel Sartoris podia habérsele ocurrido esto, y solo una mujer podia haberlo creido.
Cuando la nueva generación, de ideas más modernas, proporcionóalcaldes y regidores, este arreglo produjo cierto leve disgusto. El primero del año le enviaron por correo una notificación de impuestos. Llegófebrero y no hubo respuesta. Le mandaron una carta formal, pidiéndole que pasara por la oficina del sheriff cuando le fuera cómodo. Una sema

1 Tomado de Faulkner (1956).
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