Fragmento narrativo: María y el niño Raúl
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Solución — Página 48
Antología literaria 4 · 2020
Lectura
Su rostro redondo como una calabaza apareció ligeramente rosado en el espejo. Era la emoción, sin duda. Un fino bozo le orillaba el labio abultado, aquel labio que el niño Raúl tantas veces se obstinara en besar con los suyos incoloros y secos.
—Acá el niño Raúl nunca te encontrará —había añadido Justa antes de salir, como si se empeñara en darle el máximo de garantías—. Por ese lado puedes estar segura.
—¿Y si me encontrara? —se preguntó María e inconscientemente miró la puerta, donde el grueso cerrojo aparecía corrido.
—Te seguiré donde te vayas —le había jurado él una noche, acorralándola contra el lavadero, como si presintiera que algún día habría de fugarse.
—El muy desgraciado, con su facha de tísico —pensó María y continuó arreglando su pelo negro y revuelto. Detrás del espejo surgió una araña de largas patas. Dio un ligero paseo por la pared y regresó a su refugio.
—El niño Raúl era aficionado a las arañas —recordó de inmediato María. Conduciéndola al jardín, la obligaba a sostenerle la escalera, mientras él espiaba las copas de los cipreses. El mismo siempre le pareció como una especie de araña enorme, con sus largas piernas y su siniestra manera de acecharla desde los rincones. Ya había oído hablar de él en casa del negro Julio, adonde llegara de Nazca con una carta de recomendación. El negro Julio no quería que trabajara.
—Todavía está muy pichona —decía mirándola compasivamente.
Pero su mujer, una zamba gorda y revoltosa que había dado doce criaturas al mundo, chillaba:
—¿Pichona? Yo he trabajado desde los doce años y ella tiene ya dieciséis. Habrá que meterla de sirvienta por algún lado.
Y así de la noche a la mañana, se encontró trabajando en casa de doña Gertrudis. Fue precisamente el día que ingresó, después del almuerzo, cuando vio al niño Raúl. Ella se encontraba fregando el piso de la cocina, cuando llegó de la calle.
—Me miró de reojo —pensó María— y ni siquiera me contestó el saludo. Bruscamente se distrajo. En la puerta sonaban tres golpes nítidos.
—¿Será Felipe Santos? —se preguntó y después de mirarse en el espejo, avanzó con sigilo hasta la puerta.
—¡Soy yo, Justa! —gritó una voz al otro lado—. ¡Me había olvidado de decirte algunas cosas!
María abrió la puerta y la chola Justa entró contoneando sus caderas escurridas.
—Me he regresado desde el paradero porque me olvidé de decirte que Felipe tal vez demore un poco. Él tiene que estar hasta tarde en la panadería, de modo que tienes que esperarlo. Dale las gracias y dile además que sabes cocinar. Así es más fácil que te consiga trabajo. Otra cosa: aquí en la esquina hay una pulpería. Si te da hambre, puedes comprar un pan con mortadela. Pero apúrate, que a las once cierra.
Glosario
- pichona: (peruanismo coloquial) jovencita inexperta, demasiado joven.
- zamba: mujer de ascendencia mestiza afro-indígena en el Perú.
- pulpería: tienda de abarrotes o bodega pequeña.
- tísico: persona que aparenta ser débil, enfermiza, como un tuberculoso.
- chola: término para mujer mestiza de rasgos andinos, usado en el contexto social peruano.
- cerrojo: pestillo o pasador metálico para asegurar una puerta.
Preguntas que la gente también hace
¿Qué recursos literarios usa el autor para caracterizar al niño Raúl?
¿Cómo refleja el texto las relaciones de poder entre clases sociales en el Perú?
¿Por qué el autor compara al niño Raúl con una araña?
¿Qué papel cumple Justa en la vida de María?
¿Cómo llegó María desde Nazca a trabajar en Lima?
- • Conocimiento básico de elementos del cuento: personaje, narrador, tiempo.
- • Familiaridad con términos de variedad dialectal peruana (peruanismos).
📝 Transcripción de la página (texto seleccionable) 2702 caracteres
Su rostro redondo como una calabaza apareció ligeramente rosado en el espejo. Era la emoción, sin duda. Un fino bozo le orillaba el labio abultado,aquel labio que el nino Raúl tantas veces se obstinara en besar con los suyos incoloros y secos.
—Acá el niño Raúl nunca te encontrará —había añadido Justa antes de salir, como si se empeñara en darle el máximo de garantías—. Por ese lado puedes estar segura.
iY si me encontrara? —se preguntó María e inconscientemente miróla puerta, donde el grueso cerrojo aparecía corrido.
—Te seguiré donde te vayas—le había jurado él una noche, acorralándola contra el lavadero, como si presintiera que algún día habría de fugarse.
—El muy desgraciado, con su facha de tísico —pensó María y continuóarreglando su pelo negro y revuelto. Detrás del espejo surgió una araña de largas patas. Dio un ligero paseo por la pared y regresó a su refugio.
—El niño Raúl era aficionado a las arañas —recordó de inmediato María. Conduciéndola al jardin, la obligaba a sostenerle la escalera, mientras él espiaba las copas de los cipreses. El mismo siempre le pareció como una especie de araña enorme, con sus largas piernas y su siniestra manera de acecharla desde los rincones. Ya había oído hablar de él en casa del negro Julio, adonde llegara de Nazca con una carta de recomendación. El negro Julio no quería que trabajara.
—Todavia está muy pichona —decía mirándola compasivamente.
Pero su mujer, una zamba gorda y revoltosa que había dado doce criaturas al mundo, chillaba:
—iPichona? Yo he trabajado desde los doce años y ella tiene ya dieciséis. Habrá que meterla de sirvienta por algún lado.
Y así de la noche a la mañana, se encontró trabajando en casa de doña Gertrudis. Fue precisamente el dia que ingresó, después del almuerzo,cuando vio al nino Raúl. Ella se encontraba fregando el piso de la cocina,cuando llegó de la calle.
—Me miró de reojo —pensó María— y ni siquiera me contestó el saludo.Bruscamente se distrajo. En la puerta sonaban tres golpes nítidos.
—;Será Felipe Santos? —se preguntó y después de mirarse en el espejo, avanzó con sigilo hasta la puerta.
—jSoy yo, Justa! —gritó una voz al otro lado—. jMe había olvidado de decirte algunas cosas!
María abrió la puerta y la chola Justa entró contoneando sus caderas escurridas.
—Me he regresado desde el paradero porque me olvidé de decirte que Felipe tal vez demore un poco. El tiene que estar hasta tarde en la panaderia, de modo que tienes que esperarlo. Dale las gracias y dile además que sabes cocinar. Así es más fácil que te consiga trabajo. Otra cosa: aquí en la esquina hay una pulperéa. Si te da hambre, puedes comprar un pan con mortadela. Pero apúrate, que a las once cierra.
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