La siesta del martes — llegada a la casa parroquial
Respuesta rápida
Fragmento narrativo sin ejercicios. Idea central: la madre, con dignidad serena e inquebrantable, obtiene las llaves del cementerio a pesar del calor y la resistencia inicial del cura.
Solución — Página 99
Antología literaria 4 · 2020
Lectura
Este fragmento continúa el cuento 'La siesta del martes'. La mujer raspa con la uña la red metálica de la puerta parroquial. La hermana del sacerdote abre; les dice que el cura está durmiendo y que vuelvan después de las tres. La mujer responde con firmeza: el tren sale a las tres y media. Ante esa réplica breve y segura, la hermana cede.
La sala de espera es pobre pero ordenada: escaño de madera, mesa con tapete de hule, máquina de escribir primitiva, archivos parroquiales. El narrador observa que «se notaba que era un despacho arreglado por una mujer soltera».
Finalmente aparece el sacerdote limpiando sus lentes. La mujer pide las llaves del cementerio. El sacerdote mira a la niña —sentada con flores en el regazo—, luego a la mujer, luego al cielo brillante, y comenta que podrían haber esperado a que bajara el sol. La madre responde en silencio moviendo la cabeza. El sacerdote extrae del armario un cuaderno forrado de hule, un plumero y un tintero.
Glosario
- escaño: banco de madera con respaldo.
- tapete de hule: mantel de material impermeable (goma).
- archivos parroquiales: registros de bautismos, matrimonios y defunciones de la parroquia.
- tenacidad reposada: persistencia tranquila, sin agresividad.
- regordeta: de cuerpo rollizo y bajo.
Preguntas que la gente también hace
¿Qué revela la actitud de la madre sobre su carácter?
¿Por qué el narrador describe el despacho como 'arreglado por una mujer soltera'?
¿Qué simbolizan las flores que lleva la niña en el regazo?
¿Cómo crea el autor tensión sin usar conflicto violento?
¿Por qué la mujer insiste en que el tren sale a las tres y media?
- • Lectura de páginas anteriores del cuento para contexto del viaje en tren
- • Noción básica de estructura parroquial (sacerdote, archivos, cementerio)
📝 Transcripción de la página (texto seleccionable) 2635 caracteres
cural. La mujer raspó con la uña la red metálica de la puerta, esperó un instante y volvió a llamar.
En el interior zumbaba un ventilador eléctrico. No se oyeron los pasos. Se oyó apenas el leve crujido de una puerta y en seguida una voz cautelosa muy cerca de la red metálica: "iQuién es?》. La mujer trató de ver a través de la red metálica.
—Necesito al padre —dijo.
-Ahora está durmiendo.
—Es urgente —insistió la mujer.
Su voz tenía una tenacidad reposada.
La puerta se entreabrió sin ruido y apareció una mujer madura y regordeta, de cutis muy pálido y cabellos color hierro.
Los ojos parecían demasiado pequeños detrás de los gruesos cristales de los lentes.—Sigan —dijo, y acabó de abrir la puerta.
Entraron en una sala impregnada de un viejo olor de flores. La mujer de la casa las condujo hasta un escaño de madera y les hizo señas de que se sentaran.La niña lo hizo, pero su madre permaneció de pie, absorta, con la cartera apretada en las dos manos. No se percibía ningún ruido detrás del ventilador eléctrico.
La mujer de la casa apareció en la puerta del fondo.
—Dice que vuelvan después de las tres—dijo en voz muy baja—. Se acostó hace cinco minutos.
—El tren se va a las tres y media —dijo la mujer.
Fue una réplica breve y segura, pero la voz seguía siendo apacible, con muchos matices. La mujer de la casa sonrió por primera vez.
—Bueno —dijo.
Cuando la puerta del fondo volvió a cerrarse, la mujer se sentó junto a su hija. La angosta sala de espera era pobre, ordenada y limpia. Al otro lado de una baranda de madera que dividia la habitación, había una mesa de trabajo,sencilla, con un tapete de hule, y encima de la mesa una máquina de escribir primitiva junto a un vaso con flores. Detrás estaban los archivos parroquiales.Se notaba que era un despacho arreglado por una mujer soltera.
La puerta del fondo se abrió y esta vez apareció el sacerdote limpiando los lentes con un pañuelo. Solo cuando se los puso pareció evidente que era hermano de la mujer que había abierto la puerta.
iQué se les ofrece? —preguntó.
—Las llaves del cementerio —dijo la mujer.
La nina estaba sentada con las flores en el regazo y los pies cruzados bajo el escaño. El sacerdote la miró, después miró a la mujer y después, a través de la red metálica de la ventana, el cielo brillante y sin nubes.
—Con este calor—dijo—. Han podido esperar a que bajara el sol.
La mujer movió la cabeza en silencio. El sacerdote pasó del otro lado de la baranda, extrajo del armario un cuaderno forrado de hule, un plumero de palo y un tintero, y se sentó a la mesa. El pelo que le faltaba en la cabeza le sobraba en las manos.
97
Otros libros recomendados

El muñeco de brea. Cuento No. 16 · 2012
MINEDU
17 págs.

¿Paita piñayetiri? Cuento No. 26 · 2012
MINEDU
19 págs.

La huallata y el zorro. Cuento No. 22 · 2012
MINEDU
21 págs.

La fiesta de la Candelaria. Cuento No. 23 · 2012
MINEDU
15 págs.

La papa, tesoro de la tierra. Cuento No. 13 · 2012
MINEDU
13 págs.

Abecedario. Cuento No. 25 · 2012
MINEDU
18 págs.

Arojeitake ashitarori impoiji amabentakotirori aipatsite. Cuento No. 30 · 2012
MINEDU
17 págs.

Antami, antamijaniki abintantatsiri. Cuento No. 29 · 2012
MINEDU
17 págs.
