La siesta del martes — fragmento (llegada al pueblo)
Respuesta rápida
Fragmento sin ejercicios. Cuento: «La siesta del martes», García Márquez. Madre e hija llegan a pueblo en siesta de agosto; la mujer exige dignidad y control emocional ante una visita de duelo.
Solución — Página 98
Antología literaria 4 · 2020
Lectura
Este fragmento pertenece al cuento «La siesta del martes» de Gabriel García Márquez (Colombia, 1954), considerado por el propio autor su mejor cuento.
Situación narrativa: Una madre y su hija viajan en tren hacia un pueblo. La niña lleva flores envueltas en periódicos empapados. Se preparan con austeridad para llegar: se ponen zapatos, se peinan, guardan la comida. El tren se detiene en una estación desierta. El pueblo duerme la siesta bajo un calor brutal.
Atmósfera: El calor es protagonista físico — «el pueblo flotaba en el calor», las baldosas se cuarteaban, los almendros ofrecen la única sombra. El silencio y la quietud contrastan con la determinación silenciosa de la mujer.
Diálogos clave:
- «Ponte los zapatos» / «Péinate» → la madre prepara a la niña para una visita importante, con disciplina y dignidad.
- «Si tienes ganas de hacer algo, hazlo ahora... no vayas a llorar» → anticipa una situación emocionalmente dura; la mujer exige control.
Recursos literarios:
- Enumeración descriptiva: lista de establecimientos cerrados para pintar el pueblo muerto.
- Imagen sensorial: «viento ardiente y seco, mezclado con el pito de la locomotora».
- Contraste: pueblo «más grande pero más triste» — tamaño vs. vitalidad.
- Suspenso implícito: las flores envueltas en periódicos y la advertencia de no llorar generan intriga sobre el motivo del viaje.
Glosario
- aplastante: agobiante, que aplasta por su intensidad (sol aplastante).
- cuarteada: resquebrajada, con grietas (llanura cuarteada por la aridez).
- estrépito: ruido fuerte y prolongado.
- sopor: somnolencia causada por el calor o el cansancio.
- persianas: lamas de madera o metal que cierran ventanas permitiendo ventilación.
- almendros: árboles de sombra frondosa, típicos del Caribe colombiano.
Preguntas que la gente también hace
¿Qué obra es 'La siesta del martes' y quién la escribió?
¿Por qué la madre le dice a la niña que no llore?
¿Qué simbolizan las flores que lleva la niña en el cuento?
¿Cuáles son los recursos literarios usados en este fragmento?
¿Qué caracteriza al realismo mágico de García Márquez?
- • Nociones básicas de análisis narrativo: narrador, personaje, ambiente.
- • Contexto del realismo mágico latinoamericano.
- • Ver páginas anteriores: inicio del cuento o presentación de la antología.
📝 Transcripción de la página (texto seleccionable) 3078 caracteres
Cuando volvió al asiento la madre le esperaba para comer. Le dio un pedazo de queso, medio bollo de maiz y una galleta dulce, y sacó para ella de la bolsa de material plástico una ración igual. Mientras comían, el tren atravesó muy despacio un puente de hierro y pasó de largo por un pueblo igual a los anteriores,solo que en este había una multitud en la plaza. Una banda de músicos tocaba una pieza alegre bajo el sol aplastante. Al otro lado del pueblo en una llanura cuarteada por la aridez, terminaban las plantaciones.
La mujer dejó de comer.
—Ponte los zapatos —dijo.
La niña miró hacia el exterior. No vio nada más que la llanura desierta por donde el tren empezaba a correr de nuevo, pero metió en la bolsa el último pedazo de galleta y se puso rápidamente los zapatos. La mujer le dio la peineta.
—Péinate—dijo.
El tren empezó a pitar mientras la niña se peinaba. La mujer se secó el sudor del cuello y se limpió la grasa de la cara con los dedos. Cuando la niña acabóde peinarse, el tren pasó frente a las primeras casas de un pueblo más grande pero más triste que los anteriores.
—Si tienes ganas de hacer algo, hazlo ahora —dijo la mujer—. Después,aunque te estés muriendo de sed no tomes agua en ninguna parte. Sobre todo,no vayas a llorar.
La niña aprobó con la cabeza. Por la ventanilla entraba un viento ardiente y seco, mezclado con el pito de la locomotora y el estrépito de los viejos vagones. La mujer enrolló la bolsa con el resto de los alimentos y la metió en la cartera. Por un instante, la imagen total del pueblo, en el luminoso martes de agosto, resplandeció en la ventanilla. La nina envolvió las fl ores en los periódicos empapados, se apartó un poco más de la ventanilla y miró fijamente a su madre. Ella le devolvió una expresión apacible. El tren acabó de pitar y disminuyó la marcha. Un momento después se detuvo.
No habia nadie en la estación. Del otro lado de la calle, en la acera sombreada por los almendros, solo estaba abierto el salón de billar. El pueblo flotaba en el calor. La mujer y la niña descendieron del tren, atravesaron la estación abandonada cuyas baldosas empezaban a cuartearse por la presión de la hierba,y cruzaron la calle hasta la acera de sombra.
Eran casi las dos. A esa hora, agobiado por el sopor, el pueblo hacía la siesta.Los almacenes, las oficinas públicas, la escuela municipal se cerraban desde las once y no volvían a abrirse hasta un poco antes de las cuatro, cuando pasaba el tren de regreso. Solo permanecían abiertos el hotel frente a la estación, su cantina y su salón de billar, y la oficina del telégrafo a un lado de la plaza. Las casas, en su mayoria construidas sobre el modelo de la compañia bananera, tenían las puertas cerradas por dentro y las persianas bajas. En algunas hacía tanto calor que sus habitantes almorzaban en el patio. Otros recostaban un asiento a la sombra de los almendros y hacían la siesta sentados en plena calle.
Buscando siempre la protección de los almendros, la mujer y la niña penetraron en el pueblo sin perturbar la siesta. Fueron directamente a la casa
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