Página teórica sin ejercicios numerados. Se explican las ideas centrales del texto.
- Las prácticas de crianza afectiva parten del establecimiento de lazos afectivos entre personas adultas y niñeces; son los primeros vínculos con los que interactuamos y, al recibir afecto, se produce un sentimiento de felicidad.
- Al sentirse queridos, las niñas y los niños desarrollan autoestima, autoaceptación y confianza a partir de las muestras de afecto de sus familias o de las personas que los acompañan.
- Esto ocurre cuando se les brindan cuidados, se entabla una convivencia sana y respetuosa, se dialoga con palabras adecuadas y asertivas y se les acepta incondicionalmente (UNICEF, 2021).
- Los cuidados y las muestras físicas de cariño (un abrazo, un beso, un mimo) favorecen las crianzas afectivas, pero también se debe reconocer la necesidad de establecer límites desde un enfoque de derechos.
- Ese enfoque garantiza que las niñeces se desarrollen en plenitud, libertad, seguridad y confianza, lo que permite una mente sana, autoestima, seguridad, empatía y habilidades sociales como la comunicación asertiva.
- Escuchar a las niñeces sobre sus necesidades afectivas, preferencias o demandas rompe con las visiones adultocéntricas que solo buscan cubrir necesidades básicas y de control.
- Se abre así una comunicación bidireccional entre niñas, niños y adultos, validando pensamientos y emociones de todxs por igual.
- Preguntas como ¿cómo te sientes?, ¿cómo puedo ayudarte?, ¿qué piensas? o ¿qué opinas? permiten que expresen su sentir y su cosmovisión.
- Desde el afecto es posible favorecer habilidades necesarias para la vida en comunidad.
Respuesta orientativa: La página sostiene que la crianza afectiva combina afecto, límites con enfoque de derechos y escucha activa; esa combinación forma niñas y niños seguros, empáticos y capaces de convivir en comunidad.









