Lectura y análisis de la página 87
Enunciado (transcripción de la página):
—¡Quiero un boleto a cualquier parte del mundo!
—¿Estás seguro? —preguntó la mujer, no porque se tratara de un niño que viajaría solo, sino más bien por el objeto con que pagaría su pasaje. Sin embargo, no interrogó más al chico que la miraba con gran esperanza, le extendió su boleto y le deseó un buen viaje.
Dentro del avión, Martín miraba a todos lados maravillado, el avión era exactamente igual a lo que veía en los carteles que estaban pegados en la calle. No le importaba cuál sería su destino, simplemente que iba a volar.
El avión despegó y después de unas horas arribó. El pequeño salió y miró alrededor, sorprendido y un poco asustado. Habían aterrizado en una selva donde había árboles tan grandes como los edificios que conocía, el aire era fresco, pero hacía muchísimo calor. Pasó su mano por su frente, limpiándose el sudor y comenzó a caminar, adentrándose más y más.
En su recorrido, se encontró con flores extrañas de colores vistosos, bestias con cuatro ojos y que caminaban en cuatro patas; algunas de esas criaturas tenían ocho patas como las arañas que habitaban las esquinas de su casa. Las aves eran muy ruidosas y casi no tenían plumas. De tanto caminar, se cansó. Apoyó su mano en la corteza de un gran árbol y gritó, apartándose rápidamente; había tocado algo viscoso y de olor asqueroso.










