Las relaciones entre los grupos de europeos que llegaron a América a principios del siglo xvI y los pueblos indigenas han estado marcadas por la explotación y el sometimiento de estos últimos. En el territorio, que ahora es México, el proceso de conquista de los pueblos indígenas comenzó en 1519.
Durante el periodo colonial, entre 1521 y 1821, el gobierno de la Nueva Espana tuvo como principales objetivos administrar los nuevos reinos y expandir el catolicismo; a su vez,buscó extraer los recursos naturales (por ejemplo, a través de la mineria) explotando la mano de obra de indígenas, asiáticos y africanos.
Para hacer esto posible, los virreyes contaron con la colaboración de los jefes indios locales; además, las leyes espanolas dieron reconocimiento a las lenguas, a algunos aspectos de las culturas y a las formas de organización social de los pueblos indigenas, como la propiedad comunal de la tierra y la elección de autoridades según sus tradiciones.
A lo largo del periodo colonial se conformó una población mestiza resultado de la interacción de indigenas, asiáticos, europeos y afrodescendientes, por lo que las autoridades espanolas clasifi caron a la población en castas que definian la posición que ocupaban las personas en la sociedad, así como los derechos y obligaciones que les correspondian.
Después de la Independencia de México, en 1821, se desató una larga lucha por el tipo de país que se buscaba construir. Los grupos politicos conservadores defendieron las leyes y formas de gobierno del periodo colonial, mientras que los liberales propusieron un proyecto de nación en el que todas las personas tuvieran los mismos derechos y en el que hubiera una separación clara entre la Iglesia y el Estado; además, aspiraban a un desarrollo económico capitalista, centrado en la propiedad individual y la industrialización.
Sin embargo, estas ideas igualitarias implicaban la desaparición de la propiedad comunal de la tierra, puesto que se basaban en la noción de individuo como elemento base del sistema. El trabajo colectivo en estos terrenos para el consumo local obstaculizaba el establecimiento de haciendas destinadas a la producción comercial.
El gobierno de Porfirio Diaz (1877-1910) significó el triunfo politico y económico de este proyecto, que tuvo una consecuencia negativa para los pueblos indigenas. En 1885, su población constituía el 38% del total del país; en cambio, en 1900, el porcentaje disminuyó a 15.4%; es decir, la población indigena se redujo a menos de la mitad en quince afos porque muchos de sus integrantes se vieron forzados a salir de sus comunidades para trabajar como peones en las haciendas.
Desde la Conquista, y a lo largo del periodo colonial, los pueblos indigenas se vieron sometidos a la explotación y al dominio europeo. Por su parte, el gobierno virreinal les concedió el reconocimiento de la propiedad comunal, de sus lenguas y de algunas prácticas culturales.
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