Los historiadores anotan que una característica de los seres humanos desde su origen es su capacidad de organizarse para sobrevivir. Los primeros grupos se juntaban para enfrentar a la naturaleza y a otros grupos humanos que invadian su territorio,pero también lo han hecho para buscar alimentos, elaborar vestidos y construir vivienda; las necesidades siempre han sido ese motor de arranque para resolver problemas de manera organizada y en colectivos. En toda comunidad tradicional, reunir a sus integrantes para ejecutar una actividad benefi cia a todxs, pues se reducen costos y tiempo.
Además, el trabajo colaborativo, como se practica en las comunidades, favorece la sana convivencia y el apoyo mutuo. Las actividades colectivas se convierten en espacios de formación para las nuevas generaciones. Los ninos y jóvenes, al participar junto a sus padres y madres, van interiorizando los valores que se comparten en la comunidad.
A lo largo de la historia, las personas organizadas han hecho grandes obras y cambios sociales. Como ejemplos están los movimientos para abolir la esclavitud, los movimientos independentistas de los pueblos colonizados y los correspondientes cambios de sistemas políticos. En este sentido, se valora la organización y la unión de todxs, a fin de resolver cualquier asunto que afecte a la comunidad.
Actualmente, la pérdida de estas prácticas de organización colectiva está destruyendo a las comunidades y se da paso, en muchas ocasiones, a actitudes y comportamientos en los que predomina el interés individual. Cuanto más aumenta la población en las localidades, menos posibilidades quedan para la solidaridad y las actitudes de ayuda mutua.
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