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Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 145)

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Página 145 de Antología literaria 1 · 2019
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-Será una emergencia en el momento en que la cosa estalle —rio Jason—. iMe largo! —saltó sobre los pedales y empezó a pedalear en dirección al parque.

Mackenzie miró de nuevo a la casa, nerviosa, antes de salir tras él,patinando y gritando:

—jEspera!

Era la hora de la comida cuando regresaron a la calle. De inmediato supieron que algo no marchaba bien. Se detuvieron en una máquina y se quedaron mirando.

—jEh! jEs tu casa! —dijo Jason, pues Mackenzie no podía verlo.

Un gran camión negro estaba aparcado frente a la casa de Mackenzie.Era mucho mayor que la furgoneta del padre de Mackenzie, que solia estar aparcada ahí. Del camión salia una ancha banda amarilla que llegaba hasta la entrada principal de la casa, y que entraba por la puerta, que estaba abierta. Detrás del camión habia una cosa enorme, de cemento, con forma de lata y sobre ruedas. Aquella cosa tenía una tapa como la de una alcantarilla, con una bisagra gigante.

jSon ellos, son ellos!—dijo Jason—. jY ahí está la cisterna de la basura!

Mackenzie sintió que algo se le removia en el estómago. Los Expertos en Eliminación de Consumibles estaban en su casa. Finalmente, la cosa aquella de la nevera debía de haber estallado. Y su padre ni siquiera había llegado del trabajo.

—Volvamos al parque —dijo.

Pero no se podía mover.

Los vecinos habían salido a los jardines de sus casas y observaban. Los mayores llevaban del cuello a los niños, y no les dejaban acercarse al camión.Corría el rumor de que el olor procedente de la cisterna de basura podia matar a una persona si se acercaba lo suficiente. Mackenzie se preguntaba si el olor del vaso de yogur tendría el mismo efecto. Olisqueó el aire, pero no olía a nada.

Dos tipos grandes, vestidos con unos grandes abrigos negros y abrochados, con enormes botas y unos cascos relucientes salieron por la puerta principal de la casa. Miraron a su alrededor, pero unas imponentes máscaras antigás les cubrían el rostro. Llevaban bombonas de aire a la espalda, y guantes, unos guantes gruesos y de goma que llegaban más arriba del codo,escondiendo las mangas de los abrigos.

Jason se acercó al adulto que le quedaba más próximo. Era una mujer que estaba en la calle fingiendo que lavaba el coche aunque en realidad observaba lo que sucedía, como el resto.

—Disculpe, señora —dijo—.iQué sucede? Es su casa —y señaló a Mackenzie, que quería esconderse.

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