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Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 146)

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Página 146 de Antología literaria 1 · 2019
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La mujer frunció el entrecejo al ver a Mackenzie.

—Debe de haber algo que pone en peligro al vecindario. Cuando los Expertos tienen que venir, es que sucede algo grave. Van a realizar una extracción.

—jPero si no los hemos llamado! —dijo Mackenzie—. jNi siquiera estamos en casa!—se preguntaba cómo sabían lo que había hecho.

—jOh! Pero pueden entrar si es preciso —dijo la mujer—. En este sentido, son como la policía. —Dedicó a Mackenzie una mirada reprobatoria—.Y si nadie los ha llamado, la cosa debe de ser muy grave. Ve y diles que túvives ahí. Querrán verte.

Mackenzie no sabía que aquel vaso pudiera ser un peligro para toda la calle. Tampoco sabía el sentido de la palabra "extracción》. Le sonaba a lo que hacían con un nino de diez años que hubiera causado problemas. Extraerlo y llevarlo a la cisterna de la basura.

Mackenzie se dio la vuelta y patinó tan rápido como pudo.

Regresó al parque. No había un alma. Todos los chicos habían ido a su calle, a ver a los Expertos.

Mackenzie se columpió, pero no se divertía. Se quedó mirando al suelo y se preguntaba si jamás podria volver a casa.

—jMackenzie!

Alzó los ojos y vio cómo se acercaba un hombre. Un hombre grande,vestido con un gran abrigo negro y con botas y casco. Iba directamente a por ella, y se dirigía a ella por el nombre.

jLo sabían! Mackenzie saltó del columpio dispuesta a huir. Pero se olvidó que aún llevaba puestos los patines y cayó al césped. El hombre se había puesto a correr para atraparla, ataviado con aquel traje de goma negro, aterrador, que se sacudia al ritmo de sus movimientos, como si fuera un murciélago o un pájaro comeniños gigante. Mackenzie intentó huir patinando, pero la hierba estaba húmeda y volvió a caerse, y se torció un tobillo.No podia ponerse en pie. A su espalda, las botas del Experto sonaban cada vez más cerca. Lanzó un grito y cerró los ojos al tiempo que el hombre se agachaba y la cogía.

—jNo huyas, Mackenzie!

Mackenzie gritó y dio patadas. El hombre la levantó.

—Tienes que venir conmigo —dijo con una voz firme y profunda.

Iba a acabar en la cisterna de la basura, lo sabía.

—jNo! jNo! —exclamó. Intentaba zafarse—.jNo me lleves!

De súbito, Mackenzie notó que la devolvian al césped. El Experto se puso de cuclillas y la miró de frente.

—Mackenzie, iqué crees que estamos haciendo ahí dentro?

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