Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 154)
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—No —dijo—, lo he pensado bien y no me gusta nada. Es peligroso.
—jPeligroso! —murmuró el sordomudo, con grata sorpresa por parte de los chicos—. jMenudo títere estás hecho!
Al oír aquella voz a los dos chicos se les hizo un nudo en la garganta y se pusieron a temblar. jEra el indio Joe! Hubo unos minutos de silencio.Después, Joe dijo:
—iQué hay más peligroso que la fiesta de allá arriba...? Y ya lo has visto. No ha pasado nada.
—Eso es distinto. Tan arriba del río y sin ninguna casa en los alrededores... Además, no se sabrá que lo hemos intentado mientras no lo hayamos logrado.
—Ya, iy crees que es más peligroso que venir aquí de dia? Cualquiera que nos viera sospecharia de nosotros...
—Ya lo sé. Pero no había otro lugar más a mano después de aquella tontería. Ya me gustaría a mí no estar en esta casona. Lo habria preferido ayer, pero no tenía sentido venir por aquí con aquellos condenados chicos jugando en la colina, justo a la vista de la casa.
Los scondenados chicos se estremecieron al oir semejante observación y pensaron en la suerte que habían tenido al recordar el dia de la semana en el que estaban y dejarlo para el siguiente. Aunque en el fondo de sus corazones habrian preferido esperar un año.
Los dos hombres sacaron algunas viandas y comieron. Después de un largo silencio, el indio Joe dijo:
-Escucha: vuelve río arriba al lugar de donde eres. Espera allí hasta que yo te avise. Yo voy a arriesgarme; entraré otra vez en el pueblo para echar un vistazo. Y haremos eso tan "peligroso》 cuando yo haya vigilado un poco y las cosas estén a punto. Y después, jhacia Texas! jNos iremos juntos!
Ambos estuvieron de acuerdo. Entonces se pusieron a bostezar y el indio Joe dijo:—Estoy muerto de sueño. Te toca a ti montar guardia.
Se acurrucó entre las hierbas y pronto estuvo roncando. Un poco después, el vigilante comenzó a dar cabezadas; cada vez bajaba la cabeza más y más. Pronto ya roncaban los dos.
Los chicos respiraron aliviados. Tom cuchicheó:
—jAhora es nuestra oportunidad! jVamos!
—No puedo...—dijo Huck—. Me moriría si se despertaran.
Tom insistió, pero Huck se echó para atrás. Finalmente, Tom se levantó poco a poco, con mucho cuidado, y decidió bajar solo. Pero el primer paso que dio provocó un crujido tan espantoso en el podrido entarimado que se dejó caer al suelo muerto de miedo. No lo intentó más. Los chicos permanecieron allí, tumbados, contando los minutos que se alargaban hasta que les
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