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Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 37)

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Página 37 de Antología literaria 5 · 2019
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que tomaran tierra de los ricos, cuyas haciendas legaban hasta la propia salida del pueblo. Dieron de pretexto que el terreno de mi padre estaba ya cercado,pusieron gendarmes y comenzó el entierro de muertos. Quedaron a darle una indemnización de setecientos soles, que era algo en esos años, pero que autorización, que requisitos, que papeleo, que no hay plata en este momento... Se la estaban cobrando a mi padre, para ejemplo de reclamadores. Un dia, después de discutir con el alcalde, mi viejo se puso a afi lar una cuchilla y, para ir a lo seguro,también un formón. Mi madre algo le vería en la cara y se le prendió del cogote y le lloró diciéndole que nada sacaba con ir a la cárcel y dejarnos a nosotros más desamparados. Mi padre se contuvo como quebrándose. Yo era nino entonces y me acuerdo de todo eso como si hubiera pasado esta tarde.

Mi padre no era hombre que renunciara a su derecho. Comenzó a escribir cartas exponiendo la injusticia. Queria conseguir que al menos le pagaran. Un escribano le hacía las cartas y le cobraba dos soles por cada una. Mi pobre escritura no valia para eso. El escribano ponía al final: "A ruego de Calixto Garmendia, que no sabe firmar, Fulanow. El caso fue que mi padre despachó dos o tres cartas al diputado por la provincia. Silencio. Otras al senador por el departamento. Silencio.Otra al mismo presidente de la República. Silencio. Por último mandó cartas a los periódicos de Almagro y a los de Lima. Nada, señor. El postillón llegaba al pueblo una vez por semana, jalando una mula cargada con la valija del correo. Pasaba por la puerta de la casa y mi padre se iba detrás y esperaba en la oficina de despacho hasta que clasificaban la correspondencia. A veces, yo también iba. "iCarta para Calixto Garmendia?》, preguntaba mi padre. El interventor, que era un viejito flaco y bonachón, tomaba las cartas que estaban en la casilla de la G, las iba viendo y al final decía: "Nada, amigow. Mi padre salía comentando que la próxima vez habría carta. Con los anos, afirmaba que al menos los periódicos responderian. Arizmendi me ha dicho que, por lo regular, los periódicos creen que asuntos como esos carecen de interés general. Esto, en el caso de que los mismos no estén en favor del gobierno y sus autoridades y callen cuanto pueda perjudicarles. Mi padre tardó en desengañarse de reclamar lejos y estar yéndose por las alturas, varios años.

Un dia, a la desesperada, fue a sembrar la parte del panteón que aún no tenía cadáveres, para afirmar su propiedad. Lo tomaron preso los gendarmes,mandados por el subprefecto en persona, y estuvo dos dias en la cárcel. Los trámites estaban ultimados y el terreno era de propiedad municipal legalmente.Cuando mi padre iba a hablar con el Sindico de Gastos del Municipio, el tipo abréa el cajón del escritorio y decía como si ahí debiera estar la plata: 《No hay dinero,no hay nada ahora. Cálmate, Garmendia. Con el tiempo se te pagará>. Mi padre presentó dos recursos al juez. Le costaron diez soles cada uno. El juez los declarósin lugar. Mi padre ya no pensaba en afilar la cuchilla y el formón. "Es triste tener que hablar así —dijo una vez, pero no me darían tiempo de matar a todos los que debía>. El dinerito que mi madre había ahorrado y estaba en una ollita escondida en el terrado de la casa se fue en cartas y en papeleo.

A los seis o siete anos del despojo, mi padre se cansó hasta de cobrar. Envejeciómucho en aquellos tiempos. Lo que más le dolia era el atropello. Alguna vez pensó en irse a Almagro o a Lima a reclamar, pero no tenía dinero para eso. Y cayó también en cuenta de que, viéndolo pobre y solo, sin influencias ni nada, no le harían caso.jDe quién y cómo podía valerse? El terreno seguía de panteón, recibiendo muertos.

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