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Página — Educacion Secundaria Sin nivel (pág. 36)

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Página 36 de Antología literaria 5 · 2019
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CALIXTO GARMENDIA1 1954 CIRO ALEGRIA (peruano) ?

外éjame contarte —le pidió Remigio Garmendia a Anselmo, levantan-do la cara. Todos estos dias, anoche, esta mañana, aún esta tarde, he recordado mucho. Hay momentos en que a uno se le agolpa la vida..Además, debes aprender. La vida, corta o larga, no es de uno solamente.

Sus ojos diáfanos parecían fijos en el tiempo. La voz se le fraguaba hondo y tenía un rudo timbre de emoción. Blandianse a ratos las manos encallecidas.

—Yo nací arriba, en un pueblito de los Andes. Mi padre era carpintero y me mandó a la escuela. Hasta segundo año de primaria era todo lo que había. Y eso que tuve suerte de nacer en el pueblo, porque los niños del campo se quedaban sin escuela. Fuera de su carpintería, mi padre tenía un terrenito al lado del pueblo, pasando la quebrada, y lo cultivaba con la ayuda de algunos indios a los que pagaba en plata o con obritas de carpinteria: que el cabo de una lampa o un hacha, que una mesita, en fi n. Desde un extremo del corredor de mi casa, veiamos amarillear el trigo, verdear el maiz, azulear las habas en nuestra pequeña tierra. Daba gusto. Con la comida y la carpinteria, teníamos bastante, considerando nuestra pobreza. A causa de tener algo y también por su carácter, mi padre no agachaba la cabeza ante nadie. Su banco de carpintero estaba en el corredor de la casa, dando a la calle. Pasaba el alcalde. "Buenos dias, señor, decía mi padre, y se acabó. Pasaba el subprefecto."Buenos dias, señor>, y asunto concluido. Pasaba el alférez de gendarmes. "Buenos dias, alférez), y nada más. Pasaba el juez y lo mismo. Así era mi padre con los mandones. Ellos hubieran querido que les tuviera miedo o les pidiese o les debiera algo. Se acostumbran a todo eso los que mandan. Mi padre les disgustaba y no acababa ahí la cosa. De repente venía gente del pueblo, ya sea indios, cholos o blancos pobres. De a diez, de a veinte o también en poblada llegaban. "Don Calixto, encabécenos para hacer este reclamow. Mi padre se llamaba Calixto. Oia de lo que se trataba, si le parecia bien, aceptaba y salia a la cabeza de la gente, que daba vivas y metía harta bulla, para hacer el reclamo.Hablaba con buena palabra. A veces hacía ganar a los reclamadores y otras perdia, pero el pueblo siempre le tenía confianza. Abuso que se cometía, ahí estaba mi padre para reclamar al frente de los perjudicados. Las autoridades y los ricos del pueblo, duenos de haciendas y fundos, le tenían echado el ojo para partirlo en la primera ocasión. Consideraban altanero a mi padre y no los dejaba tranquilos.El ni se daba cuenta y vivia como si nada le pudiera pasar. Habia hecho un sillón grande, que ponía en el corredor. Ahí solia sentarse, por las tardes, a conversar con los amigos. "Lo que necesitamos es justicia》, decía. "El dia que el Perú tenga justicia, será grande>. No dudaba de que la habria y se torcía los mostachos con satisfacción, predicando: "No debemos consentir abusos>.

Sucedió que vino una epidemia de tifo y el panteón del pueblo se llenó con los muertos del propio pueblo y los que traian del campo. Entonces las autoridades echaron mano de nuestro terrenito para panteón. Mi padre protestó diciendo

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1 Tomado de Alegria (2004).

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