Página — Literatura Sin nivel (pág. 115)
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cólera y me siguió con la mirada, yo me corrí por la cuesta, entré al huaico y el agua me arrastraba pero no sentí y subí nomás y cuando ya miré atrás no había nada. Cuando llegué arriba, la señora del pastor me dijo que me había aventurado mucho: ";Por qué has venido solo? El pishtaco no te ha matado porque no tienes grasa y eres muchacho aún》. Y ese pishtaco cualquiera no puede ser porque es por herencia, pero nadie sino su familia sabe que es pishtaco.
Tenía yo un tío alto él, fachoso, que daba miedo su cara y ese andaba solo y no tenía miedo de pasar por Chaupichaca. Yo creo que era pishtaco porque tenía las manos como para asustar y un día que entréa su casa estaba en el batán preparando remedio para sus animales y tenía a su lado un santo de Nino Rumi que no era el San Isidro, pero que llevaba un cuchillo en la mano como si fuera santo de pishtaco. Era como don Rojas su dueño con el cuello un poco alargado. Le decía: 《Mi ppapacha, mi huaucce y lo acariciaba pasándole la mano por la espalda y le preguntaba: "ino, papá?》. Y a este señor Rojas le tenían miedo porque sus ojos eran fuertes y movía mucho los ojos, le daban vuelta adentro y tasaba a la gente; ya está finado. No sé quién tendrá ese santo. Este santo tenía un pañuelo negro rodeando el cuello.
Estos pishtacos salían terminando agosto y la grasa que cogían eran para las campanas, para sus cuchillos, para sus machetes, porque esta grasa del hombre templaba muy bien el metal.
A mí me contó el señor Fortunato Muñinco una cosa que le había pasado con un nacacc, porque estos naccac no solo toman el unto de la gente humana, sino que también, además, comen la carne cruda o cocida, calientita o fría. Y don Fortunato vivía más arriba de nosotros cerca del puente Alljomachay o Cueva del Perro. Don Fortunato trabajaba para un hacendado que era muy malo, que hacía llorar a la gente y era un acabado tinterillo;pero don Fortunato no sabía que este era un nacacc. Un dia el hacendado le dijo para ir juntos a buscar carne. "Vamos a traer carne —le dijo—, porque quiero atender a las autoridades y vamos a prepararles chicharronesy. Y ya en la tarde a las seis lo hizo montar detrás suyo en caballo grande sobre las ancas y llegaron hasta el puente de Alljomachay y allí el hacendado paróel caballo y le dio su alfalfa para que fuera comiendo el animal. Don Fortunato acompañó al hacendado hasta el cerro para aguaitar y vieron venir dos viajantes. El nacacc puso algo en el camino, al fi lo del huaico, que don Fortunato no sabía qué era. Eso era para separar a los viajantes y que uno de ellos solamente entrara al puente y el otro como zonzo se regresara.
Entre tanto, el hacendado iba curando su machete con una grasa que tenía dentro de una botella blanca y que ya después don Fortunato supo que era placenta de mujeres yana de piel prieta y esta placenta le daba poder al machete porque es mejor que grasa humana corriente y lo hace reventar al aire y suena.
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