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Página — Literatura Sin nivel (pág. 111)

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Página 111 de Antología literaria 3 · 2018
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Cuando la hubo terminado, se dirigió a su huésped y dijo con la más encantadora de sus expresiones:

—Y ahora, mi bello Barnabé, a usted le toca, me parece que nada de mi vida le he ocultado. Es ahora su turno.

Y habiendo hecho sentar a su lado, en su propio trono, al pobre monje deslumbrado, la reina echó hacia atrás la cabeza como quien se dispone a saborear algo exquisito.

Y aquí está el pobre fray Barnabé que se pone a narrar los episodios de su vida. Contó cómo el padre Anselmo, su superior, lo había levado un dia al reloj-capilla; cómo le encomendó la guardia; cuáles fueron sus emociones de campanero principiante, describió su celda, recitó de cabo a rabo el reglamento que allí encontró escrito; dijo que el único banco en donde podía sentarse era un banco cojo; lo muy duro que resultaba no poder dormir arriba de tres cuartos de hora por la zozobra de no estar despierto para tirar de la cuerda en el momento dado. Es cierto que mientras enunciaba cosas tan miserables, allá en su fuero interno tenía la impresión de que no podian ellas interesar a nadie, pero ya se había lanzado y no podía detenerse. Adivinaba de sobra que lo que de él se esperaba no era el relato de su verdadera vida que carecía en el fondo de sentido, sino otro, el de una existencia hermosa cuyas peripecias variadas y patéticas hubiera improvisado con arte. Pero,jay!, carecía por completo de imaginación y, quieras que no, había que limitarse a los hechos exactos, es decir, a casi nada.

En un momento dado del relato levantó los ojos que hasta entonces por modestia los había tenido bajos clavados en el suelo, y se dio cuenta de que los esclavos, el loro, todos, todos, hasta la reina, dormían profundamente.Solo velaba el elefante:

—jBravo! —le gritó este—. Podemos ahora decir que es usted un narrador de primer orden. El mismo pote de jenjibre es nada a su lado.

jOh Dios mío!—imploró fray Barnabé— ise habrá enojado la reina?—Lo ignoro. Pero lo que sí sé es que debemos regresar. Ya es de dia.Tengo justo el tiempo de cargarlo en el lomo y reintegrarlo a la capilla.

Y era cierto. Rápido como un relámpago atravesó nuestro elefante de ébano el comedor y se detuvo ante la capilla. El reloj de la catedral de la ciudad apuntaba justo las ocho. Anhelante, el capuchino corrió a tocar las ocho campanadas y cayó rendido de sueño sin poder más. Nadie por fortuna se había dado cuenta de su ausencia.

Pasó el dia entero en una ansiedad febril. Cumplia maquinalmente su deber de campanero: pero con el pensamiento no abandonaba un instante la sopera encantada en donde vivía la reina de Saba y se decía: iqué me importa aburrirme durante el día, si en las noches el elefante de ébano vendrá a buscarme y me llevará hasta ella? jAh!, jqué bella vida me espera!

Y desde el caer de la tarde comenzó a esperar impaciente a que llegara el elefante. jPero nada! Las doce, la una, las dos de la madrugada pasaron

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