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Página — Literatura Sin nivel (pág. 58)

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Página 58 de Antología literaria 3 · 2018
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Alberto sentía que sus fuerzas lo abandonaban. Tenía los codos magullados, las rodillas adoloridas y de su oreja manaba tanta sangre como de los cortes que tenia Gálvez en la frente y en los pómulos. Desde hacia rato no hacía sino girar y retroceder; alejando a su rival con un rápido puntapié o de un golpe a vuelamano, pero Gálvez iba siempre adelante, no cejaba, lo embestía con la cabeza baja y la guardia abierta. Alberto volvióa martillearlo en el pecho, en los riñones, esperando que al fin tendría que caer, que no era posible aguantar tanto golpe. Seguramente que asíde duro, de pura bestia, había arrebatado al Negro Mundo y al sargento Mendoza, en Surquillo, el cetro de los matones.

Pero ya no estaban en la avenida Espinar. Todo el sistema, al cual se habia agregado una pléyade de mirones, había doblado nuevamente,esta vez por la calle Dos de Mayo, donde había una acequia fangosa y fi las de moreras bordeando las aceras. Allí la pelea se volvió confusa. Alberto erró varios golpes, otros fueron a estrellarse contra los árboles, se resbalóen el borde de la acequia y se vio de pronto acorralado, sin escape, contra la puerta de un callejón. Gálvez lo había cogido de los tirantes y lo atrajo hacia sí aplicándole un cabezazo en la nariz para abrazarlo luego con sus bíceps, doblarle la cabeza por debajo de la axila y empezar a estrangularlo,mientras con la rodilla le sacudía el mentón. Alberto se sintió desamparado,perdido, y como tenía la boca hundida contra el pecho de su rival y no podia respirar ni gritar, lo mordió debajo de la tetilla. Gálvez aflojó los brazos y Alberto, viéndose libre, aprovechó para alejarse lo más que pudo dentro del anillo rehecho, viendo que tenía roto un tirante y que los pantalones se le caian. Gálvez lo insultaba, persiguiéndolo. Alberto abrió una brecha entre los espectadores y corrió hacia la esquina de Dos de Mayo y Arica,pero sin prisa, amarrándose el tirante, inspirando copiosamente el aire cálido con su nariz rota. Cieza lo alcanzó y corriendo a su lado le dijo que aguantara un poco más, que el cholo estaba hecho mierda, a punto de tirar el arpa, mientras que las dos colleras confundidas le daban caza en la esquina y volvía a configurarse el circo.

Alberto reanudó la pelea. Pasado el límite de la fatiga, no se sentía peor ni mejor, sino simplemente distante, desdoblado y presenciaba su propio combate con atención pero sin fervor, como si lo protagonizara un delegado suyo al cual lo unían vagos intereses de familia. Los gritos y los insultos con que ahora Gálvez acompañaba sus amagos no lo arredraban ni lo encolerizaban. Simplemente los registraba y los interpretaba como recursos a los que echaba mano porque debía sentirse impotente, vencido.

El cholo insistía en entrar en su territorio y se exponía a sus patadas,buscando la ocasión de volver a abrazarlo. Alberto daba y retrocedia, y asíel circo recorrió una cuadra de la calle Arica, vaciló en la esquina de la

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