Página — Literatura Sin nivel (pág. 56)
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Alberto se puso de pie tranquilamente, logró al fi n despojarse de su saco y se lo aventó a Cieza. Su pantalón tenía la pretina muy alta, casi a la mitad del pecho, y estaba sujeto con tirantes. Aún se hizo esperar mientras se quitaba la corbata, los gemelos de la camisa y se levantaba las mangas.
El cholo Gálvez, bien plantado sobre sus piernas cortas y macizas,con los brazos caidos y los puños cerrados, lo esperaba. Alberto comprendióde inmediato que el estilo de su rival consistía en atraerlo a su terreno,dejarse incluso romper una ceja o aplastar un labio para poder abrazarlo,quebrarlo entre sus brazos y, como decían que hizo con Cieza, enterrarlo de cabeza en un sardinel. Empezó entonces a girar de lejos en torno al cholo, el que a su vez rotaba sobre sus talones.
Alberto tentó el momento de entrar, acometió varias veces con un pie en el aire, anunciando casi su golpe, para retroceder luego y virar rápidamente a izquierda y derecha, buscando un fanco descubierto. Gálvez se limitaba a rotar, con la guardia completamente caida, pero levantando a veces los antebrazos al mismo tiempo, acompanando su gesto de un falso quejido, femenil, obsceno.
La táctica se prolongó largo rato, pero no en el mismo sitio, pues el círculo que los rodeaba se iba desplazando hacia un extremo de la avenida Pardo, donde había una pila sin agua.
—jVamos, cholo, éntrale!—gritaron sus secuaces.
Gálvez balanceó los hombros, hizo algunas fintas con su ancha cintura y estirando de pronto un brazo trató de coger de una pierna a Alberto, que aprovechó el momento para levantar el otro pie y darle un puntazo en el cuello. En el instante en que Gálvez se cubría, Alberto saltóy sus dos pies martillearon la cara del cholo. Insistió una tercera vez,pero a la cuarta el cholo se agachó y Alberto pasó sobre su cabeza y cayóde cuclillas detrás de él. Cuando se enderezaba, ya Gálvez había volteado y su puño cerrado le sacudía la cabeza, mientras su pierna izquierda,elevándose, rasgaba el aire buscando su pelvis. Alberto bloqueó el golpe con la rodilla y se alejó para tomar distancia, pero ya el cholo estaba lanzado y lo atenazó de la cintura. Alberto retrocedió sobre sus talones,impidiendo que el cholo pudiera asentarse y levantarlo en vilo, rompiócon la espalda el círculo de mirones, siempre con Gálvez prendido de su cintura, que se esforzaba por contenerlo, trastabillaba, hasta que al fin Alberto se detuvo en seco y levantando la rodilla golpeó al cholo en la mandibula y cuando este afojaba la presión de sus brazos le dio un puñetazo en la nuca y al abandonar su tenaza lo remató de una patada en el estómago.
Gálvez cayó de culo. Parecía un poco mareado. Alberto estuvo a punto de enviarle un puntapié en la cara, pero ya la collera del cholo elevaba la voz al unísono, recordando las reglas que no se podían infringir.
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